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Esta plaga se expande sin freno: ya ocupa el 30% del territorio argentino. ¿Cuánto más puede crecer antes de que sea imposible controlarlo?
4 de junio de 2026. El jabalí europeo (Sus scrofa) figura en la lista de 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). No es un título honorífico: es una advertencia. Originario de Eurasia y el norte de África, este mamífero omnívoro fue introducido por el hombre en América y Oceanía, y desde entonces su expansión no registra pausa.
Los datos son contundentes
En Europa, la población de jabalíes se estima entre 13,5 y 19,6 millones de individuos antes de cada temporada de caza. España concentra uno de los casos más extremos de Europa. El Plan Nacional para la reducción del riesgo de difusión de la Peste Porcina Africana, elaborado por el Ministerio de Agricultura en mayo de 2024, estimó que ese año la población española podría alcanzar los 2,2 millones de ejemplares, tras haberse duplicado en apenas doce meses. La caza, señala el propio documento oficial, “no puede hacer frente al crecimiento poblacional” por sí sola.
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El caso sueco ilustra la velocidad del fenómeno: la especie estaba prácticamente extinta en ese país en la década de 1970. Cuatro décadas después, la cosecha anual de caza superó los 161.000 ejemplares en la temporada 2020/2021, según un estudio publicado en BMC Zoology (2024). El crecimiento fue exponencial hasta 2010, cuando comenzó a estabilizarse, no a revertirse.
Argentina: una invasión con historia y sin plan nacional
La historia del jabalí en Argentina comienza en 1906, cuando los primeros ejemplares llegaron al coto de caza San Huberto, en La Pampa (hoy Reserva Provincial Parque Luro). Entre 1917 y 1922, nuevos animales se trasladaron a la estancia Collun-Có, en Neuquén. Los escapes desde cotos privados entre 1914 y 1930 permitieron la dispersión hacia San Luis, Córdoba, Santa Fe, Chubut y Entre Ríos. Lo que comenzó como una atracción cinegética se convirtió en un problema ecosistémico de escala nacional.
Hoy, el panorama es crítico. El jabalí ocupa cerca del 30% del territorio argentino. Habita en más de 10 millones de hectáreas y está presente en 16 provincias. Expande su distribución de forma anual, según la investigación más completa publicada hasta la fecha: El jabalí y el cerdo silvestre (Sus scrofa) en la Argentina, publicada en agosto de 2024 en la revista Ecología Austral por el equipo liderado por el Dr. Sebastián Ballari del CONICET.
La especie está bien establecida en las ecorregiones de la Pampa Húmeda, el Espinal, los Bosques Patagónicos y los Esteros del Iberá. Al mismo tiempo, avanza activamente sobre la Estepa Patagónica, el Monte de Llanuras-Mesetas y los Campos y Malezales. En Mendoza, la Dra. Fernanda Cuevas (CONICET) documentó expansión hacia zonas periurbanas y un aumento sostenido de la densidad poblacional.
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Biología reproductiva: por qué es tan difícil de controlar
La capacidad reproductiva del jabalí es una de las claves de su éxito invasor. La maduración sexual ocurre entre los 5 y los 12 meses de vida. La gestación dura aproximadamente 120 días, y cada camada puede tener hasta 10 crías. A eso se suma una alta tolerancia a condiciones climáticas diversas y una dieta omnívora extremadamente flexible.
La conclusión de la literatura científica es inequívoca: la tasa de reproducción supera a la de mortalidad incluso cuando se aplican todos los métodos de control disponibles. Los únicos casos documentados de reducción poblacional exitosa en Argentina se dieron en contextos insulares o de alta presión de manejo sostenido.
El Parque Nacional El Palmar, en Entre Ríos, logró reducir el 50% de su población local mediante intervención intensiva y continua —un resultado excepcional que no refleja la tendencia general del país.
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Proyección: la expansión no tiene techo visible
Cuevas proyectó con claridad: las poblaciones “seguirán expandiéndose a medida que las características del ambiente lo permitan”. Los campos cultivados, con su alta disponibilidad de alimento, actúan como vector de dispersión. A medida que la frontera agrícola avanza, el jabalí avanza con ella.
La situación en Argentina es, según los propios investigadores del CONICET, “en extremo compleja”. Las poblaciones aumentaron durante las últimas décadas en la mayoría de las regiones del país. No existe todavía una estrategia nacional de manejo. Recién en 2023 el Estado comenzó a financiar un plan piloto de control —una política sin precedentes en la historia del país, pero que llega tarde a un problema que lleva más de un siglo instalado.
El consenso científico es claro: el manejo y control del jabalí en Argentina “amerita un lugar prioritario en la agenda de organismos vinculados a la conservación de la biodiversidad, la producción, la sanidad animal y la salud pública”. Sin intervención coordinada y sostenida, la expansión de esta especie continuará sin límites visibles.
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