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El histórico arquero campeón del mundo en 1978 confesó su pasión por las cañas y reveló cómo el río Paraná se convirtió en su cable a tierra. Una charla imperdible que cruza el fútbol, las anécdotas con Menotti y los beneficios de la actividad para la salud mental.
7 de octubre de 2026. A los 75 años, Héctor Rodolfo “Chocolate” Baley encontró su verdadera área de contención lejos de los tres palos del fútbol profesional, pero muy cerca de otra de sus grandes pasiones de toda la vida: el río. El mítico arquero cordobés, integrante del plantel argentino campeón mundial en 1978, fue el protagonista de una entrañable entrevista en el diario Clarín, donde detalló cómo la pesca recreativa se transformó en su terapia diaria y en un pilar fundamental para su bienestar.
Acompañado por un impactante dorado de más de cinco kilos capturado recientemente en las aguas de San Nicolás de los Arroyos, Baley reflexionó sobre el impacto psicológico de la actividad. Su testimonio coincide con recientes estudios científicos que vinculan directamente la pesca con la reducción del estrés y la prevención de trastornos de salud mental en hombres adultos.
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La intuición del río aplicada al arco
Una de las declaraciones más profundas del exarquero de Colón, Huracán, Independiente y Talleres de Córdoba giró en torno al vaso comunicante entre ambas disciplinas. Si bien aclaró que “el fútbol no me sirvió para pescar en nada”, fue contundente al invertir la ecuación: “La pesca sí me sirvió para el fútbol. Me enseñó a ser paciente e intuitivo para atajar”.
“Detrás del arco te insultan de arriba a abajo. Tenés que tener una paciencia de budista para no darte vuelta y reaccionar. El río te da esa templanza. Y la intuición es la misma: tenés que adivinar adónde va a ir la pelota, igual que intuís adónde puede estar el pez abajo del agua para tirar el anzuelo“, confesó el exguardameta.
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“Menotti, ¿nos deja ir al río?”: La escapada en pleno Mundial ’78
La charla revivió una de las perlitas más divertidas de la concentración de la Selección Argentina durante la gesta de 1978 en la ciudad de Rosario. En medio de la asfixiante presión que significaba jugar una Copa del Mundo de locales, un grupo de jugadores encontró el escape perfecto gracias a la complicidad del DT, César Luis Menotti.
“Hacía un frío tremendo en pleno junio. Estábamos concentrados y con Mario Kempes, Daniel Killer y Rubén Pagnanini le fuimos a pedir permiso al Flaco Menotti para ir a tirar la caña un rato al río Paraná para despejar la cabeza. Nos miró y nos dijo: ‘Vayan, pero abríguense’. Nos fuimos a la costa en Rosario a pescar con frío, pero volvimos renovados“, recordó entre risas.
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El “rancho” de San Nicolás y la filosofía del buen pescador
Actualmente, establecido en Córdoba, Baley no negocia su ritual mensual: viaja de manera religiosa a San Nicolás de los Arroyos, donde alquila una casa frente al arroyo Yaguarón junto a siete amigos de toda la vida. En ese muelle, al que bautizaron “el rancho”, transcurren los días entre anzuelos, asados y largas charlas.
Para “Chocolate”, el verdadero valor de la actividad trasciende por completo el tamaño de la captura:
“El verdadero pescador sabe que podés pescar o no pescar. Lo importante es pasar el momento, descansar la mente y dejar el celular a un costadito. El río te limpia. Hoy en día, la pesca para mí es sinónimo de salud mental“, concluyó el ídolo.
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