-
Una tensa espera de horas a puro sigilo, un mano a mano contra la astucia de un jabalí indomable y el ritual ineludible que solo los verdaderos apasionados de la actividad entienden.
10 de agosto de 2026. Un audio de Horacio la semana pasada fue el detonante: “¡Che, qué pasó, cuándo vamos a ir al campo!”. Entre idas y vueltas por WhatsApp y llamadas, pusimos fecha para el jueves 6. Salí al mediodía, lo pasé a buscar por su casa en Tunuyán y partimos directo hacia su campo con un solo objetivo en mente.
La preparación en el apostadero
Llegamos alrededor de las 17:30 horas y fuimos directo a cebar los comederos. El frío mendocino ya se hacía sentir, así que al volver a la casa me preparé a conciencia para enfrentar la apostada nocturna:
- Primera piel, doble par de medias y pantalón técnico.
- Buzo abrigado y campera pesada.
- Fusil Brno .308, munición Hornady Black Max y linternas.
- Un termo de té bien caliente como único aliado contra la helada.
A las 18:40 horas caminamos los 3.000 metros que separan la casa del apostadero. Horacio me ayudó a subir el equipo y se retiró. Minutos después de las 19:00, el sol se ocultó por completo, dejando el campo sumido en una oscuridad total. La luna saldría recién pasadas las 22:00 horas, con apenas un 39% de luminosidad. Estaba solo frente al monte.
Mirá también: Caza, plaga y mercado negro: el debate para legalizar la venta de carne de jabalí en Mendoza
La aparición del “Fantasma”
Introducido en mi bolsa de apostadero, me acomodé para lo que preveía sería una noche larga. Los primeros en dar el presente fueron los zorros. Iban, venían y se comían el maíz destinado a las piezas mayores.
El verdadero juego comenzó a las 21:16 horas:
- El avistamiento: Con el monocular divisé a mi derecha, cruzando dos alambrados, una silueta grande e inmóvil.
- La desconfianza: No entró al comedero; se quedó quieto, mirando y venteando el aire.
- El rodeo: Giró la cabeza y caminó sigilosamente por detrás de mi apostadero.
El tiempo se volvió eterno. A las 21:44 horas la silueta reapareció, avanzando paso a paso y deteniéndose a ventear constantemente. Desaparecía y volvía a asomar. A las 22:05 horas, el motor del comedero automático se encendió para soltar el grano y el gran jabalí, al que ya había bautizado internamente como “El Fantasma”, salió eyectado como una saeta hacia el monte.
El disparo letal
Lejos de rendirse, el padrillo regresó minutos más tarde por la derecha, extremadamente cauteloso. Cuando calculé que iba a cruzar por el claro, solté el monocular y encaré el fusil. Al mirar por la mira telescópica, ya no estaba. Volví a revisar con el monocular y descubrí que ahora entraba por la izquierda.
Muy despacio, volví a tomar el Brno, encendí la retícula iluminada y lo centré:
- Lo observé fijamente durante unos 10 segundos.
- Decidí cobrar la pieza, pero justo cuando iba a presionar el gatillo, el animal se movió.
- Cambié el punto de impacto original (la cabeza) y apunté rápidamente a la parte baja del codillo.
- El disparo de la Hornady Black Max fue directo al corazón.
Cayeron las 22:36 horas y el jabalí quedó seco en el límite del claro con el monte. Muerte súbita. Recargué por precaución, pero ya no había movimiento.
Mirá también: Del mismo autor, relato de una salida de caza en Jagüel del Monte, Provincia de La Pampa.
El folclore, el ritual y el premio
Llamé a Horacio para el rescate. Dejé el fusil sin munición y, por seguridad en el piso, me acompañó mi Taurus .44 Magnum de 6 pulgadas. Cuando llegó mi amigo, bajamos a revisar la pieza: un padrillo impresionante, gordo, hermoso y con colmillos de término medio a superior.
Cargarlo en la camioneta fue una odisea que demandó ingenio, una soga al cuello tirada desde adentro de la cabina y a Horacio empujando desde atrás. Ya en la casa, usamos el aparejo de rondanas para colgarlo. El trabajo duro de cuerear y destripar de madrugada es extenuante, pero es parte fundamental del folclore y del ritual del cazador.
El gran premio llegó a las 1:45 AM en forma de un espectacular asado de costillas banderitas para coronar el festejo gastronómico antes de irnos a descansar. Al día siguiente, completamos el desposte, limpiamos todo y emprendimos el regreso bajo un cielo limpio y ventoso. Una nueva aventura compartida, una experiencia inolvidable y la certeza absoluta de una pasión que nos une: ¡Soy cazador, viva la caza y los amigos!
Impactos: 111











