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El sorprendente accionar del setter irlandés en una salida de caza de perdices.
23 de junio de 2026. Hace más de 45 años que salgo de caceria en todas las modalidades y por todas las regiones. Para las perdices he tenido todas o casi todas las razas de perros, y todas me gustaron. Disfruto enormemente de las virtudes particulares de cada animal, su elegancia y sus detalles de trabajo. Una raza que quedó en mi memoria fue el setter inglés. Hace muchos años, el recordado Mario Baioni me regaló un ejemplar que resultó ser fantástico, preciso y elegante. Asimismo, en otra oportunidad vi trabajar al setter escocés y su desempeño me pareció sumamente interesante.
Por otro lado, estas buenas experiencias me hacían pensar con frecuencia en el aparente desinterés del setter irlandés. Efectivamente, solía cruzarme con muchos de ellos por la calle cumpliendo funciones exclusivas como perros de compañía. Sin embargo, jamás había tenido la oportunidad de ver a un ejemplar de esta línea trabajando en el campo. Por esa razón, consideraba erróneamente que era una lástima que esta variedad no sirviera para la actividad cinegética.
Un llamado inesperado desde España
Hace un mes recibo un llamado de mi amigo Mikel Zarobe desde España, muy conocido por sus videos de caza en YouTube de Gorka Serbal. Él caza siempre con setter inglés y esta fascinado con ellos. En esta oportunidad me pregunta si conocía a Federico Cattaneo, criador de setter irlandés. Le comento que no personalmente, pero me suena mucho su nombre. Charlando me comenta que quiere comprar uno de sus perros. Me quedo pensando para que lo querrá si ya tiene tres ingleses que cazan muy bien, pero le prometo averiguar sobre el tema.
Como no podía ser de otra manera contacto a mi amigo Jose Maria Lorenzo y me responde que si lo conoce y que son bastante amigos. De hecho, la gran sorpresa llegó pocos días después con una invitación formal para compartir una cacería de perdices con ellos dos. Una buena oportunidad para gastar unos cartuchos y ver cazar una raza que jamás había visto trabajando.
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En el dia acordado nos encontramos los tres y partimos rumbo al campo con la colección de perros. Yo llevé mi Drathaar, Jose Maria llevó dos Weimaraner y Federico cuatro setter irlandeses, entre ellos un cachorro. Como todo criador debe darle un poco de campo a cada uno.
El terreno se ve como para ilusionarse en ver bastantes perdices y luego de distribuirnos los lotes, avanzamos. Todos los perros salieron con ganas de trabajar y por un rato me quedé a observar a los irlandeses. Los que en broma consideraba casi familiares, porque estudié pupilo en una escuela irlandesa. Fue en el Instituto Fahy en Moreno por el cual siempre conservé maravillosos recuerdos de aquella época.

Ciertamente, no tenía demasiadas esperanzas en ver un un buen trabajo de estos perros. Este prejuicio se debía, probablemente, a la falta de antecedentes de la raza trabajando en nuestras latitudes. Sin embargo, quedé maravillado al ver la velocidad de sus desplazamientos y la firmeza de sus muestras. Federico me remarcaba orgulloso cada actitud técnica de sus ejemplares mientras crecían mis ganas de tener uno.
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Debo confesar que no tenía demasiadas esperanzas en ver un buen trabajo de estos perros. Seguramente por el influjo de su historia por estas latitudes o la falta de haberlos visto en el trabajo que dio origen a la raza. Sin embargo quedé maravillado de verlos. Un desplazamiento increíble y rápido, muestras seguras y aportes impecables. A medida que todo esto se exponía Federico me remarcaba las distintas actitudes de sus ejemplares. ¡Que ganas de tener uno me estaban dando!. De casualidad una setter tiene el mismo nombre que mi Drathaar, y cada vez que la llamaba, venían las dos, lo que me hacia sentir que las dos eran mis perras.
Fue una jornada de caza relativamente corta. Cazamos algo mas de tres horas, pero vimos muchas perdices, tuvimos muestras excelentes y nos divertimos mucho. Los perros a pesar de ser la primera vez que se veían y cazaban más o menos juntos, respetaron mucho el trabajo del otro. Inclusive vimos varias muestras donde uno apadronaba la muestra del otro.
La experiencia de caza fue genial, pero la experiencia cinegética fue inolvidable, lo que me recordaba lo que siempre me dijeron varios de mis maestros. “La caza no es solo matar un animal, sino aprender a disfrutar el momento y generar buenos recuerdos con los amigos” a lo que agrego, también genera nuevos amigos como lo fue este caso.
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