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Un viaje inesperado, bonito y lleno de satisfacciones.
Por Claudio Ferrer
29 de junio de 2026. Este año se presentó en mi experiencia un tanto extraño en cuanto a la caza de perdices. Localidades bonaerenses que habitualmente presentaron siempre muy buena población, ahora habían cambiado notablemente. Lugares donde se lograba completar el cupo en un par de horas, este año no se vio en todo el día.
Usualmente llevo a mi perro a gastar en energía al campo en una localidad cercana, sin escopeta desde luego, pero así se mantiene en forma, y este año solo vi dos perdices. Amigos cazadores me han comentado también que en lugares que suelen visitar también vieron pocas y curiosamente salían muy lejos de la muestra del perro, impidiendo muchas veces poder hacer el disparo.
Varios de los lugares que suelo visitar, como Bolívar por ejemplo, me he encontrado con campo anegados por las lluvias lo que también hacía imposible intentar una cacería. A mediados de junio recibí una invitación para una salida en la zona de Olavarría, a la cual hace muchos años que no visito. Tome mi bolso de caza, la vieja Franchi y a Mía, mi querida Drahthaar y nos subimos a la camioneta. Viaje tranquilo y lleno de ilusión.
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Luego de los saludos y el tradicional mate, arme todo el equipo y salimos al campo. Sin caminar ni 50 metros Mía hace su primera muestra y yo logro mi primera perdiz. El día es prometedor. El clima es soleado y la temperatura agradable. Cuando veo a Mia venir con la perdiz en la boca, me sorprendo de verla hacer otra muestra. Tan sorprendido quedo que no reaccioné ante el nuevo vuelo, cazador 1, perdices 1.

El lugar fue espectacular, en poco más de una hora teníamos el cupo completo y volví a la casa para el ritual del asado. En medio de la charla y las bromas típicas de este tipo de salida, vimos en el monte lindero a la casa como entraban las palomas. En ese momento pensamos que sería una buena solución para terminar el día. Reviso mi bolso y veo que hay cartuchos más que suficientes, asi que vamos a probar suerte con las palomas.
Usualmente utilizo cartuchos calibre 12 de 24 gramos con munición 9 o 10. Para la perdiz por mucho es lo mejor que probé. Pero en el bolso encontré dos cajas de 28 gramos con munición 8. Pensé que para este tipo de tiro seria más apropiado y no me equivoqué, nos divertimos un rato más. Luego de esto vino la sorpresa inesperada, el dueño del campo nos invitó a pasar la noche allí y aprovechar otra salida el día siguiente. Lo pensamos medio segundo y aceptamos.
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El siguiente día amaneció un poco más nublado y ventoso, lo que dio un poco de dudas por el trabajo del perro, pero para mi sorpresa trabajaron mejor que el día anterior- Mi compañero me dice que un poco más de viento influye benéficamente para el olfato del perro y hace que la perdiz no lo detecte tanto. Esto nos permitió muestras mucho más cercanas y firmes y colaboró en lograr el cupo bastante antes del mediodía.
Encantado con el trabajo de los perros, me hizo recordar a un viejo amigo criador de kurzhaar que siempre me decía: “Para adiestrar un perro solo se necesitan 3 cosas, perdices, perdices y más perdices”. Algo muy cierto.
De regreso a la casa, repartimos tareas, uno pela perdices y el otro se ocupa de preparar una picadita antes de salir. Viaje inesperado, bonito y lleno de satisfacciones, Olavarría, volveremos pronto.
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