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Como siempre una buena salida de caza no es solo obtener un buen trofeo, sino compartir con amigos una buena aventura.
Llegó febrero y como todos los años me reúno con amigos de la hermandad cazadora para planificar donde iremos a escuchar la brama y ver si podemos realizar una hermosa cacería.
Este año coordinamos con mi amigo Cachi Belloso con y su hijo Marcos. En la búsqueda de oportunidades recordé la historia de un lugar hermoso en La Pampa. Se trata de Valle Daza, zona rural e histórica, ubicada en el noreste del departamento de Utracán, muy cerca de Quehue y General Acha.
Caracterizado por la ganadería y la agricultura, se consolidó a principios del siglo XX cuando los inmigrantes trabajaban las tierras. La zona forma parte del área de influencia de las primeras actividades de la conquista del desierto y la posterior ocupación de las tierras conectando lugares estratégicos como El Durazno y General Acha.
Cachi mencionó tener un contacto en una estancia en esta zona y yo recordé que fue el primer lugar donde mi maestro Rodolfo me llevó por primera vez a intentar caza mayor. La emoción me invadió y no pude negarme a esta experiencia, y la acordamos para fines de marzo y los primeros días de abril.
Rumbo a Valle Daza
750 kilómetros aproximadamente nos separan de nuestro destino. Nos informan que no hay alojamiento. Por lo tanto tenemos que ir equipados para una semana de campamento. Algo que nos gusta mucho más y hace la cacería mucho más interesante. Comenzamos revisando las bolsas de dormir, las dos carpas, parrilla y otros instrumentos que nos permitan pasar días memorables.
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Marcos sugiere ir también a calibrar los rifles, a lo que yo le corrijo error de vocabulario, todos los rifles vienen calibrados, 308, 300, 458, 30 06, etc lo que debemos hacer es regular la mira telescópica con el impacto del arma. Por suerte no gastamos muchas balas, todo estaba en perfecto estado.
Llego el viernes 27 de marzo y antes de la salida del sol ya estábamos en la ruta llenos de entusiasmo. Poco después del mediodía ya estábamos abriendo la tranquera de nuestro destino.
Nos presentamos con el encargado del campo, quien ya nos estaba esperando, y nos dio las indicaciones de donde armar nuestro campamento. Mientras íbamos acomodando todo le preguntábamos como venía la brama, si se veian ciervos y que potreros nos recomendaba explorar. Con algo de información y la advertencia de que había una gran presencia de jabalíes decidimos no salir esta primera tarde. La idea era descansar bien y madrugar al día siguiente.
La primera salida
Eran casi las 5 de la mañana cuando tomamos el último mate y salíamos en nuestras direcciones, las que adjudicamos según el juego de truco de la noche anterior.
Mi experiencia fue muy buena. No vi ningún macho pero si muchas hembras y una piara de jabalíes muy lejos, a los cuales intente acercarme sin éxito. Pero eso es lo más apasionante de la caza, intentar acercarse lo más posible, tratar de vencer olfato, vista y oído de la posible presa. Volver al ancestro que nos convirtió en lo que somos, el homo sapienz, ya que la caza fue lo que hizo erguirse al primate, la carne obtenida de la caza ayudo a desarrollar el cerebro y colaboró en formar una sociedad, cuando solos no podíamos hacerlo.
Tengo un amigo certificado en USA como francotirador, y que dice que a partir de eso comenzó a cazar con arco y flecha, ya que no veía emoción en dispararle a una presa a 200 o 300 metros. En su criterio eso es tiro al blanco, no caza, opinión que yo comparto plenamente.
Cerca de mediodía ya estábamos todos reunidos alrededor de un fogón y comentamos nuestras experiencias. Cachi y yo vimos ciervos aunque bastante lejos. Marcos no logró verlos aunque dice que si los escuchó lejos y pensaba que ya tenía definido hacia donde fueron y donde habían estado comiendo en la noche, por lo que su estrategia seria ganarles el lugar antes de su llegada y ubicarse de tal manera que el viento no le juegue una mala pasada.
Luego del breve descanso, la vuelta al campo
Siesta corta y vuelta al campo, cada uno ya tenía resuelto su camino y su estrategia. Esta caminata me hizo recordar una de las frases que mas movilizaron en mi vida. Lo más importante no es cazar, sino estar cazando. Atento a ver dónde se pisa, que se ve, lo que se escucha, incluso lo que se huele. Siempre recuerdo una vez hace muchos años cacé un ciervo dama en Sierra de la Ventana, al que encontré porque me llegó su olor. Toda una aventura. En esta oportunidad tampoco logramos cazar nada, aunque Cachi reconoció haber errado a un lindo jabalí.
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Siguiendo con su estrategia, Marcos salió más temprano en la mañana siguiente y fue a su lugar pero por otro rumbo. Esta vez tuvo buenos resultados logrando un lindo ciervo. Cachi logró dos jabalíes en una misma piara. En pocos días se convertirán en chorizos. Yo regresé sin nada, aunque si pude ver 2 manadas pero a mucha distancia. Por la tarde, solo salimos Cachi y yo. Marcos se quedó cumpliendo su rol de carnicero, es decir despostando las presas capturadas para su traslado.
A poco más de media hora de salir escucho a lo lejos la voz del 300 winchester de mi amigo, e inmediatamente el típico toc de tiro pegado. Poco después el suave viento me trae el sonido de una manada corriendo en mi dirección. Presumo que serán los ciervos que estaban con el que acababa de abatir Cachi, pero no, resultaron ser varios chanchos y me quedé con las ganas.
Regresando a última hora escucho el quebrar de una rama, lo que me congela inmediatamente. Espero a ver si vuelvo a escuchar algo y unos minutos después aparece a 20 metros de mi lugar un ciervo macho junto a dos hembras. Los dejo avanzar una rato para evitar que cualquiera de mis movimiento delate mi presencia y a unos 50 metros disparo obteniendo mi trofeo.
Aún nos queda un dia, pero decidimos quedarnos en el campamente para organizar todo, ir preparando la carne, limpiar las armas, guardar todos los utensilios y ordenar el embalaje. Noche de cocina en el caldero y descansar para la vuelta a casa por la mañana.
Como siempre una buena salida de caza no es solo obtener un buen trofeo, sino compartir con amigos una buena aventura. Volver a revivir lo que hicieron nuestros ancestros hace miles de años para sobrevivir y disfrutar la naturaleza en su más absoluta realidad. Y sobre todo crear recuerdos que nos unen más con nuestros amigos, algo mucho más importante que lograr un trofeo record.
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