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Un excepcional manuscrito del siglo XV contiene un inventari exhaustivo de los apodos que recibían los canes, muy queridos especialmente por los cazadores.
22 de mayo de 2025. Un manuscrito del siglo XV reveló un inventario alfabético de 1065 nombres de perros que transformó la comprensión sobre la relación entre los humanos y los animales domésticos en la Edad Media. El documento perteneció a la familia Dansey de Herefordshire y funcionó como una guía práctica para la gestión de una finca rural británica.
Aunque los historiadores conocían fragmentos sobre la cultura de caza medieval —como el famoso tratado The Master of Game de Eduardo de York—, este listado alfabético de 1065 nombres exactos se mantuvo prácticamente inédito para el público general hasta que el académico David Scott-Macnab (de la North-West University) publicó un estudio crítico profundo sobre el documento
“Cazar en el siglo XV era una de las formas de ocio más populares, pero también con más prestigio entre las clases aristocráticas“, señaló el autor en una entrevista.
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Un manuscrito olvidado
Se cree que este manuscrito, fechado entre 1460 y 1480, a diferencia de los lujosos tratados de caza que también se conservan de esta época, este códice parece más bien una compilación con finalidad práctica, pensado para el uso diario en una finca rural. En el volumen se pueden encontrar tratados sobre cetrería y consejos de agricultura, entre otros contenidos. Sin embargo, lo más singular sin duda es el inventario en orden alfabético de nombres de perros. Esto demuestra que ya en la edad media, cada perro en una jauría era conocido individualmente por su nombre.

La pasión medieval por los canes
Un dato nos puede aportar luz sobre la afición de los medievales por los perros. Tenemos el caso de Gastón Phébus, conde de Foix, del que gracias a las Crónicas de Froissart sabemos que llegó a tener jaurías de más de 1500 perros. Phébus describía al perro como la bestia más “razonable” y con mejor entendimiento creada por Dios, y como hoy, también destacaba su lealtad, memoria y sabiduría. Incluso se han conservado sus recomendaciones para los mozos de las perreras, que debían ser personas amables. Incluso sugería que algún niño durmiera con los perros para evitar peleas y calmarlos.

Tipos de nombres que revela el manuscrito
Los dueños medievales tenían enfoques muy variados (y divertidos) a la hora de nombrar a sus mascotas, los cuales se agruparon en categorías claras:
Habilidades físicas y obediencia: Nombres que elogiaban el rendimiento del animal en el campo. Por ejemplo, Nosewise (para perros con excelente olfato), Holdfast o Holdefaste (mordida firme), Takehym (“atrapalo”) y Go-bifore (“ve adelante”).
Halagos y afecto: Nombres que demuestran que el cariño por las mascotas no cambió en 600 años, como Pretyman (lindo hombre), Joliboye (chico alegre), Blameles (inocente / sin culpa) y Beste-of-all (el mejor de todos).
Insultos hilarantes e ironías: Se bautizaba a los perros con adjetivos llamativamente duros para la actualidad, probablemente con un sentido del humor cómplice. Destacan Filthe (mugre), Synfull (pecador), Lewde (vulgar/ignorante), Litillwitte (pocas luces) y el simple Badde (malo).
Comida e ingredientes: Al igual que hoy en día la gente llama a sus perros “Oreo” o “Pipa”, en el medioevo elegían Garlik (ajo), Mustarde (mostaza), Salmon (salmón) o Radissche (rábano).
Frases de cortesía: Perros llamados Havegoodday (“que tengas un buen día”) o Careaway (“fuera preocupaciones”).
Profesiones o Trabajos: como Aldirman (regidor), Sexteyne (sacristán), Capteyne (capitán) o Duchesse (duquesa).
Mitología e historia: Allí aparecen nombres como Absolón, Aquiles, Héctor, Lanzarote (Gaweyne) y César.
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