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Un estudio empírico sobre idoneidad operativa y criterios de evaluación.
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Por: Adrián Ezequiel Ferreyra (*)
6 de abril de 2026. En el contexto de creciente inseguridad percibida por amplios sectores de la sociedad argentina, ha resurgido el debate sobre la habilitación del porte civil de armas de fuego. Este trabajo presenta los resultados de una evaluación práctica y empírica realizada a legítimos usuarios civiles con distintos niveles de formación, replicando parcialmente los ítems prácticos del Anexo II del examen de idoneidad para la portación exigido por el Registro Nacional de Armas.
Los resultados evidencian una alarmante falta de preparación técnica, táctica y cognitiva en la mayoría de los participantes. Incluso en aquellos con entrenamiento avanzado. A partir de estos hallazgos, se propone una reformulación integral de los criterios de habilitación, incorporando estándares internacionales y herramientas pedagógicas multidisciplinarias para garantizar un porte responsable, legal y humanamente seguro.
1. Introducción
En los últimos años, la creciente percepción de inseguridad en amplios sectores de la sociedad argentina ha generado un aumento sostenido en la demanda de los ciudadanos para ejercer su derecho a la legítima defensa. Incluyendo el porte de armas de fuego por parte de legítimos usuarios civiles. Este fenómeno no es aislado. Forma parte de una tendencia regional e incluso global, en la que ciudadanos comunes comienzan a cuestionarse si el Estado puede garantizar su seguridad de manera efectiva y constante.
Frente a hechos delictivos cada vez más violentos y frecuentes, muchas personas sienten que dependen exclusivamente de sus propios medios para proteger su vida, la de sus seres queridos o incluso la de terceros inocentes. En ese contexto, el porte de armas emerge como una herramienta concreta, aunque controvertida, para recuperar cierta capacidad de reacción frente a situaciones de riesgo real.
Sin embargo, junto con este reclamo legítimo, ha crecido también una peligrosa ilusión. La creencia de que estar habilitado como legítimo usuario, practicar tiro deportivo con regularidad o contar con conocimientos técnicos elementales sobre armas de fuego son condiciones suficientes para portar un arma en la vía pública. Esta presunción, ampliamente difundida incluso entre usuarios con buena voluntad, puede generar consecuencias gravísimas si no es contrastada con una evaluación seria, objetiva y empírica de las capacidades reales de los aspirantes a portadores.
Portar un arma no es solo una cuestión de puntería. Si no también de toma de decisiones bajo presión, gestión del miedo, control del entorno, conocimiento legal, responsabilidad moral y dominio técnico en situaciones dinámicas e impredecibles. Implica estar dispuesto —y capacitado— para intervenir en escenarios de altísima complejidad emocional. Allí donde un solo error puede terminar con la vida de un inocente, generar consecuencias legales devastadoras o manchar la imagen de toda la comunidad de usuarios responsables.
Del mismo autor: Portación de armas y toma de decisiones bajo estres
Este informe surge justamente de esa necesidad: someter a evaluación práctica y estructurada la preparación real de los legítimos usuarios civiles que consideran estar listos para portar armas. Lejos de buscar imponer una postura ideológica, el propósito es aportar datos concretos y verificables que permitan:
- mejorar los criterios de evaluación,
- elevar los estándares de formación y
- contribuir a una futura habilitación de la portación responsable, segura y profesional.
2. Justificación y objetivos
El instrumento utilizado para esta evaluación fue el Anexo II del examen de idoneidad exigido por RENAR para la solicitud de portación de armas. La elección se basó en que dicho anexo contempla tanto conocimientos teóricos como habilidades prácticas esenciales y que es uno de los requisitos para fundamentar el pedido. Se incluyeron en la muestra instructores de tiro categoría A y B, tiradores deportivos habituales y legítimos usuarios con uso esporádico del arma. El objetivo no fue calificar ni otorgar una aprobación formal, sino observar empíricamente el nivel real de preparación de los civiles que, en muchos casos, consideran estar listos para portar un arma.
Desde mi punto de vista, el Estado no puede garantizar la protección permanente de cada ciudadano las 24 horas del día, los 365 días del año, más allá de que la seguridad pública sea una de sus funciones esenciales. En este contexto, los ciudadanos honestos, que elegimos respetar las leyes y no convertirnos en delincuentes, necesitamos contar con las herramientas legales para ejercer nuestra legítima defensa. Por eso, considero que debe permitirse el porte de armas a quienes estén verdaderamente capacitados, no solo para protegerse a sí mismos, sino también a su familia y, llegado el caso, a terceros inocentes.
Cabe aclarar que este estudio se enfocó exclusivamente en usuarios civiles. No se evaluó personal policial ni militar, aunque es necesario señalar que, en muchos casos, esos agentes disparan menos cantidad de tiros y tienen menos entrenamiento al año que algunos usuarios civiles con práctica regular. Esta realidad exige repensar los criterios actuales sobre quién está realmente preparado para portar un arma.
3. Metodología
La presente evaluación se diseñó con un enfoque empírico y observacional, buscando replicar, en un entorno controlado pero realista, las exigencias tácticas, cognitivas y emocionales a las que se enfrentaría un ciudadano armado en una situación concreta de legítima defensa en la vía pública. Para ello, se tomaron como base los ítems prácticos detallados en el Anexo II del examen de idoneidad establecido por el RENAR para solicitar el permiso de portación de armas.
El universo evaluado estuvo compuesto por un total de 50 legítimos usuarios civiles de armas de fuego, distribuidos en tres grupos representativos de los distintos perfiles de usuarios que habitualmente consideran estar preparados para portar un arma. Todos los participantes fueron hombres mayores de 21 años, con una antigüedad mínima de tres años como legítimos usuarios, lo cual asegura un piso básico de experiencia y familiarización con el régimen legal vigente.
Cabe destacar que no se contó con participación femenina en esta muestra. Esta ausencia no fue buscada ni restrictiva, sino que respondió a la disponibilidad voluntaria de los usuarios convocados. No obstante, la falta de representación femenina en la evaluación es un dato relevante, que refleja una tendencia estructural en el perfil de solicitantes de portación y en la composición actual del universo de usuarios civiles activos.
La muestra fue intencional, buscando diversidad de niveles de formación y experiencia con armas cortas:
- 12 Instructores de tiro registrados, de los cuales 7 poseían matrícula ITA (mayor jerarquía, habilitación para formación de instructores y dar clases) y 5 de ITB (habilitación para formación de legítimos usuarios y dar clases).
- 18 Tiradores deportivos habituales, con participación frecuente en prácticas de polígonos o torneos, aunque sin dedicación profesional.
- 20 Usuarios civiles, que poseen legalmente un arma y realizan prácticas de forma ocasional, pero creen estar aptos.
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Las pruebas se llevaron a cabo en instalaciones habilitadas, bajo supervisión de instructores y evaluadores con experiencia en tiro defensivo, medicina táctica, legislación sobre el uso de la fuerza y simulación de enfrentamientos armados. Todos los participantes firmaron una declaración voluntaria de consentimiento informado, donde se explicaron los objetivos del estudio y se garantizó la confidencialidad de su identidad.
El diseño del entorno de evaluación incluyó:
- Blancos móviles y estáticos dispuestos en escenarios con obstáculos parciales, pasillos estrechos y elementos de cobertura.
- Simulación de presión mediante marcadoras de airsoft, disparadas por instructores ocultos o en movimiento, para inducir estrés físico y psicológico.
- Elementos distractores, como ruidos inesperados, órdenes contradictorias o la presencia de inocentes entre los blancos hostiles.
- Condiciones de visibilidad reducida, en algunos ejercicios, para incrementar la carga cognitiva y obligar a tomar decisiones rápidas con información limitada.
Se aplicaron exclusivamente los ítems e) hasta k) del Anexo II de RENAR, correspondientes a habilidades prácticas críticas en contexto de portación (manipulación segura, desenfunde, identificación de amenazas, tiro apuntado, y trabajo bajo presión). El examen teórico fue utilizado únicamente como un factor generador de estrés cognitivo previo, con el fin de simular la fatiga mental que podría anteceder a una situación real, pero sus resultados no fueron considerados para la calificación general.
Cabe aclarar que se procuró mantener un entorno lo más controlado posible en términos de seguridad, sin dejar de generar condiciones de incertidumbre para observar las reacciones reales de los participantes frente al estrés, el riesgo y la necesidad de decidir cuándo y cómo utilizar el arma de fuego.
4. Resultados
A continuación, se presenta un desglose de los resultados obtenidos en cada uno de los ítems evaluados del Anexo II del examen de idoneidad del RENAR. El análisis fue realizado de forma individual, utilizando planillas de observación estandarizadas. Los hallazgos fueron contundentes y revelan carencias sistemáticas en las habilidades prácticas necesarias para portar un arma de fuego en contexto urbano real.
4.1 Desenfunde y enfunde seguros
- Resultado general: El 70% de los participantes incurrió en fallas consideradas críticas para la seguridad propia y de terceros.
- Principales errores detectados:
- Desenfundes con la boca del arma cruzando el eje corporal, con riesgo de lesiones en zonas vitales propias (pierna, muslo, pie).
- Colocación del dedo en el gatillo antes de adquirir blanco o línea de tiro definida, o en algunos casos para tratar de tomar el arma.
- Gestualidad errática o peligrosa: movimientos tipo “bochazo”, “caña de pescar” o desenfundes desprolijos con pérdida de control del cañón.
- Enfundes sin verificar condición de disparo, sin desactivar mecanismos externos (martillo, seguro), o mirando hacia otro lado. Se observó en dueños de armas con martillo, la falta de control sobre el estado del mismo, quienes luego del disparo trataban de enfundar con el martillo rebatido.
- Apuntamiento involuntario hacia instructores, observadores o blancos no hostiles durante el proceso de enfundado.
Conclusión: La mayoría de los usuarios carece de un protocolo estandarizado y reproducible para manipular el arma en momentos críticos. Bajo estrés, los automatismos de seguridad desaparecen, evidenciando una preparación deficiente para el porte responsable.
4.2 Carga, descarga y recarga
- Resultado general: Solo el 24% de los participantes realizó las secuencias de forma completa y segura.
- Errores más relevantes:
- Omisión del retiro del cargador previo a la extracción de la munición de la recámara (riesgo de recarga inmediata no percibida).
- Falta de ejecución del protocolo triple de verificación (mecánica – visual – táctil) para declarar el arma libre.
- Recargas de emergencia realizadas con la vista fija en el arma, perdiendo total conciencia situacional. En algunos casos, querían seguir disparando con el arma vacia y no entendieron el estado de la misma.
- Ausencia de recargas tácticas con retención, pese a ser un estándar mínimo en contextos defensivos.
Conclusión: Se detecta una grave falta de formación en manipulación bajo estrés, y un desconocimiento preocupante de los protocolos de seguridad dinámicos exigidos a todo portador armado. Estas carencias pueden derivar en accidentes, fallas operativas o pérdida de la iniciativa en un enfrentamiento real.
4.3 Empuñe y posición de tiro
- Resultado general: El 20% de los evaluados presentó errores estructurales en la biomecánica del tiro.
- Errores observados:
- Empuñes débiles o mal distribuidos, con presión dispareja entre ambas manos.
- Pulgares mal posicionados, riesgo de interferencia con la corredera.
- Posiciones corporales cerradas o inestables, sin dominio del centro de gravedad.
- Falta de alineación entre ojo director, muñeca y boca de fuego.
- Retroceso incontrolado que compromete la repetición del tiro o la integridad del entorno.
Conclusión: Estas falencias revelan la ausencia de un entrenamiento técnico sistemático, y un alto riesgo de error en enfrentamientos prolongados o bajo condiciones cambiantes. En el contexto del porte, el control del arma y la estabilidad corporal son innegociables.
4.4 Tiro apuntado a 20 metros
Condición especial del ejercicio: Se colocaron blancos hostiles con figuras inocentes adyacentes y al fondo, replicando entornos urbanos reales.
- Resultados:
- Más del 80% de los participantes impactó a inocentes, total o parcialmente.
- Solo el 12% logró colocar disparos efectivos sobre el agresor sin colaterales.
- No se evidenció escaneo del entorno, ni análisis de trayectoria secundaria de los proyectiles.
Conclusión: La mayoría de los tiradores disparó sin conciencia del riesgo colateral, con una comprensión deficiente del principio de “identificación de blancos” y “terceros inocentes”. Esto, en un entorno real, implicaría consecuencias legales gravísimas y eventualmente la pérdida de vidas inocentes.
4.5 Tiro por señalamiento (7 metros)
Escenario: Se utilizaron figuras con diferentes posturas (hostil, rendición, civil neutral).
- Resultados:
- Disparos erróneos sobre figuras no armadas o con manos en alto en más del 65% de los casos.
- Impactos sobre inocentes ubicados detrás de los agresores por efecto túnel o disparos en línea recta sin evaluar profundidad del entorno.
Conclusión: La capacidad de identificación de amenaza real es sumamente baja. Muchos usuarios disparan frente a un estímulo sin validarlo adecuadamente. Esta falla representa un punto de quiebre absoluto en la idoneidad de un civil para portar un arma en espacios públicos.
4.6 Tiro con vestimenta civil
Situación evaluada: Extracción del arma oculta debajo de prendas típicas de calle (campera, camisa, buzo).
- Principales fallas:
- Dificultades para despejar la ropa rápidamente sin interferir con la funda.
- Desenfundes lentos y antinaturales, con pérdida de tiempo crítico.
Desenfundes sin escaneo previo del entorno inmediato. - Apuntamiento involuntario hacia el cuerpo propio o de inocentes.
Una parte significativa de los evaluados —especialmente usuarios esporádicos— se presentó a rendir sin funda interna, argumentando que portar el arma directamente entre la ropa “era más cómodo”. Esta elección, además de contradecir las normas mínimas de seguridad, generó consecuencias operativas graves: tras ciertos movimientos o desplazamientos, el arma se desacomodó, cayó dentro de la ropa o directamente al suelo, perdiéndose completamente el control del material en plena evaluación.
Conclusión: El porte encubierto exige un dominio técnico que la mayoría no posee. Portar sin entrenar el acceso al arma desde la indumentaria real es una falsa sensación de preparación. La ausencia de funda, sumada a la improvisación en el despeje de ropa, reveló un peligro concreto: la pérdida total del control del arma durante el desenfunde. Esta falla puede derivar en la neutralización del portador, la inutilización del arma o incluso un disparo accidental.
Propuesta de reforma normativa: Establecer como requisito obligatorio para la evaluación de tiro con desenfunde la utilización de funda porta arma (interna o externa) que garantice:
- Sujeción firme y segura del arma.
- Cobertura completa del disparador.
- Posibilidad de extracción con una sola mano.
- Porte simulado lo más cercano posible a las condiciones reales (campera, buzo o prenda habitual).
El incumplimiento de este requerimiento podría habilitar al evaluador a suspender o postergar el examen hasta que se corrija el equipamiento.
4.7 Tiro bajo presión con inocentes
Simulación: Espacio cerrado, múltiples actores (inocentes y hostiles), movimiento libre, estímulos auditivos, luces intermitentes, uso de marcadoras airsoft.
- Resultados:
- 100% de los evaluados fueron eliminados o neutralizaron inocentes.
- Nula verificación de zonas ciegas, falta de escaneo perimetral.
- Disparos instintivos sin identificación previa.
- Bloqueo cognitivo bajo presión: decisiones impulsivas o parálisis total.
Conclusión: Este fue el ejercicio más revelador: dejó en evidencia la absoluta falta de preparación emocional, cognitiva y táctica. Los usuarios no están entrenados para enfrentar situaciones donde hay que distinguir, moverse, pensar y disparar en simultáneo. Este ítem, por sí solo, descalifica a la gran mayoría para portar armas fuera del polígono.
5. Discusión
Los resultados demuestran una disociación entre la práctica en polígono deportivo y las habilidades necesarias para portar armas en contextos urbanos. La estructura actual del examen de idoneidad del RENAR es insuficiente, estática y descontextualizada.
Se subraya el rol crítico del instructor como primer filtro técnico y ético. También se visibiliza una brecha de género significativa en el acceso a la formación, que debe abordarse con políticas inclusivas.
6. Propuestas
A la luz de los hallazgos expuestos, se plantean a continuación una serie de medidas tendientes a mejorar estructuralmente el proceso de formación, evaluación y habilitación de usuarios civiles que aspiren a portar armas de fuego en el espacio público. Estas propuestas están orientadas no a restringir derechos, sino a garantizar que quienes accedan a ese derecho lo hagan en condiciones óptimas para ejercerlo de forma legal, táctica y humanamente responsable:

- a) Reformulación integral del examen de idoneidad RENAR
- Incorporación de escenarios tácticos realistas, con inocentes, agresores, limitaciones de visibilidad y estímulos múltiples.
- Evaluación de procesos de toma de decisiones bajo presión y discriminación de amenazas.
- Reemplazo progresivo del modelo estático y predictivo por ejercicios dinámicos e impredecibles.
- b) Implementación obligatoria de evaluaciones prácticas presenciales
- Todo solicitante de portación deberá rendir una evaluación práctica supervisada, con estándares nacionales unificados.
- Las evaluaciones deben ser realizadas en entornos controlados pero inmersivos, con criterio de “simulación realista”.
- c) Certificación nacional única para instructores de tiro defensivo
- Creación de una matrícula nacional específica para instructores habilitados a formar futuros portadores.
- Revalidación anual obligatoria, con evaluación teórica, práctica y psicológica.
- Registro público y trazable de instructores activos y habilitados.
- d) Formación obligatoria multidisciplinaria para usuarios aspirantes a portación
Inclusión de módulos sobre:
- Legislación del uso proporcional de la fuerza.
- Psicología del combate y gestión emocional.
- Ética del uso de la violencia letal.
- Medicina táctica básica (TCCC – Tactical Combat Casualty Care).
- Consecuencias legales, civiles y penales del uso del arma.
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- e) Revalidación periódica de la portación
- Establecimiento de una revalidación obligatoria anual o bianual, que contemple tanto la evaluación de habilidades prácticas (manipulación, tiro bajo presión, resolución táctica) como aspectos psicológicos y actitudinales.
- Obligación de acreditar la participación en cursos específicos de Tiro Defensivo, dictados por instructores debidamente habilitados por el organismo competente. Estos cursos deberán contemplar situaciones realistas, evaluación de amenazas, trabajo en movimiento, desenfunde con indumentaria de calle y discriminación de blancos.
- Registro formal de las prácticas realizadas, participación en entrenamientos, simulacros y antecedentes operativos relevantes del usuario, como parte del legajo personal en el sistema de portación.
- La revalidación no debe entenderse como un mero trámite administrativo, sino como un proceso de actualización continua, que asegure que el usuario mantiene vigentes sus capacidades físicas, mentales y técnicas para portar un arma de fuego en condiciones reales.
- f) Trazabilidad y transparencia en la formación
- Creación de un sistema de historial de capacitación y evaluaciones para cada solicitante.
- Supervisión cruzada entre instructores, entidades formadoras y organismos de control.
- g) Inclusión activa de mujeres en procesos formativos y evaluativos
- Desarrollo de campañas de sensibilización y difusión específicas para fomentar la participación de mujeres en el proceso de formación y habilitación para el porte de armas.
- Incorporación de protocolos de evaluación que contemplen enfoques pedagógicos inclusivos y adecuados a la diversidad física y emocional de los aspirantes.
- Articulación con organizaciones civiles, clubes de tiro y academias para generar espacios seguros, accesibles y técnicamente rigurosos que favorezcan la preparación integral de usuarias mujeres.
- Promoción de la figura de instructoras habilitadas como referentes para futuras portadoras, mediante becas, capacitaciones específicas y visibilización institucional.
- Monitoreo estadístico permanente de la participación femenina en los exámenes de idoneidad y en los cursos de formación en tiro defensivo, con el fin de corregir desequilibrios estructurales y orientar políticas públicas de inclusión.
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- h) Equipamiento obligatorio en evaluaciones de idoneidad – Justificación técnica
En el marco de la evaluación práctica de idoneidad para legítimos usuarios, resulta indispensable establecer criterios mínimos en cuanto al equipamiento que garantice seguridad, realismo y continuidad pedagógica. Uno de los elementos fundamentales para cualquier instancia que implique desenfunde de arma de fuego es la funda porta arma segura.

Requerimiento mínimo: funda porta arma segura
Todo postulante que rinda una evaluación de idoneidad que incluya desenfunde deberá contar con una funda segura (IWB o OWB) que:
- Cubra completamente el disparador.
- Retenga el arma firmemente, incluso en movimiento.
- Permita la extracción con una sola mano.
- Se ubique en un punto fijo, repetible y accesible en la cintura.
Se prohíbe expresamente portar el arma suelta dentro de la ropa, en bolsos, fundas blandas no aptas para desenfunde, o realizar la prueba desde el suelo, mesa o sin portación visible. Esta medida es excluyente.
Justificación
Durante la evaluación de campo se observó que varios postulantes no contaban con funda porta arma, portando el arma suelta en la cintura o dentro de su ropa. Como consecuencia directa de esa omisión se documentaron:
- Pérdidas del control del arma durante movimientos simples como agacharse o desplazarse.
- Caídas del arma al suelo tras ejercicios de encare o cobertura.
- Dificultades para extraer el arma de forma segura, generando zonas de peligro para terceros.
- Manipulaciones inseguras al tener que “buscar” el arma bajo la ropa o reacomodarla en marcha.
Estas situaciones ponen en riesgo al evaluado, al instructor y al entorno inmediato, además de impedir el cumplimiento de los criterios básicos de una evaluación seria y profesional.
Conclusión
El uso de funda porta arma no es un lujo ni una comodidad opcional: es un elemento de seguridad crítica. Su inclusión como requerimiento obligatorio:
- Homologa el procedimiento de desenfunde a estándares internacionales.
- Mejora la evaluación técnica y objetiva de cada movimiento.
- Reduce riesgos de accidentes o manipulaciones inadecuadas.
- Forma parte del aprendizaje progresivo del usuario, quien debe comprender que el desenfunde seguro es parte esencial del porte responsable.
No se permitirá continuar la evaluación a quienes no cumplan con este requerimiento mínimo de seguridad.
Estas medidas buscan establecer un nuevo estándar de idoneidad y responsabilidad, alineado con la complejidad del porte armado en sociedades democráticas. El derecho a la legítima defensa no puede ejercerse sin preparación; y habilitar ese derecho sin el debido rigor solo conduce al desastre.
7. Conclusiones finales
Los resultados del presente estudio permiten arribar a una conclusión categórica: la mayoría de los legítimos usuarios civiles no se encuentra en condiciones técnicas, tácticas ni cognitivas de portar un arma de fuego en la vía pública de manera segura, eficiente y legalmente responsable. Aun aquellos individuos con niveles avanzados de formación —como instructores habilitados por RENAR o tiradores deportivos federados— evidenciaron deficiencias críticas al ser sometidos a condiciones que simulan mínimamente el estrés, la dinámica y la ambigüedad propias de un enfrentamiento armado real.
Este dato es particularmente alarmante, ya que revela una disociación significativa entre las habilidades que se adquieren en el polígono deportivo o en contextos de entrenamiento controlado, y las capacidades que exige la portación activa de un arma para defensa personal en espacios públicos. Las habilidades necesarias para portar trascienden la puntería o la manipulación segura en condiciones ideales: implican dominio emocional, juicio discriminativo bajo presión, pensamiento táctico, movilidad, conciencia situacional, conocimiento legal y responsabilidad ética.
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El formato actual del examen de idoneidad exigido por RENAR para solicitar la portación no refleja fielmente las exigencias reales del porte en contextos urbanos, ni representa un filtro eficaz para seleccionar individuos aptos. Su estructura —mayoritariamente estática, descontextualizada y sin componentes de estrés real— permite que muchos aspirantes aprueben formalmente la evaluación sin haber demostrado una mínima capacidad de desempeño bajo presión o una comprensión profunda de los riesgos asociados al uso del arma fuera del ámbito deportivo.
En este escenario, el rol del instructor adquiere una relevancia ineludible: debemos constituirnos en el primer y más riguroso filtro ético, técnico y profesional para validar (o no) la aptitud de un usuario para portar. Esta responsabilidad implica tener el coraje profesional de no aprobar a quien no está preparado, aún cuando ello contraríe intereses económicos o relacionales. El compromiso con la seguridad pública, la integridad del usuario y la protección de terceros inocentes debe primar por sobre cualquier otra consideración.
Asimismo, se advierte la ausencia total de mujeres entre los evaluados, lo que evidencia una brecha persistente en la participación femenina en el ámbito de la formación para el uso defensivo del arma de fuego. Esta realidad merece una revisión más profunda, tanto desde el diseño de políticas inclusivas como en la promoción de espacios formativos accesibles y adecuados para mujeres que deseen prepararse seriamente en este campo. La legítima defensa es un derecho humano universal, y su ejercicio responsable no debería estar condicionado por barreras culturales, institucionales ni pedagógicas.
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En resumen, el estudio demuestra que la portación de armas no puede ni debe ser habilitada sin un sistema de evaluación mucho más exigente y realista, que contemple todas las dimensiones involucradas en el uso defensivo del arma de fuego. Permitir el porte sin esas garantías mínimas no solo pone en riesgo vidas, sino que también debilita la legitimidad del colectivo de usuarios responsables y refuerza los argumentos de quienes se oponen sistemáticamente al derecho a la legítima defensa armada.
8. Bibliografía
- Anexo II – Examen de Idoneidad RENAR para Portadores.
- Ley Nacional de Armas y Explosivos N.º 20.429 y su decreto reglamentario N.º 395/75.
- Resolución ANMAC N.º 81/2021 – Normas para cursos y acreditación de instructores.
- Código Penal Argentino, artículos relevantes:
- Art. 34, inc. 6°: Eximentes de responsabilidad penal por legítima defensa.
- Art. 79 a 95: Delitos contra la vida e integridad física.
- Art. 104 a 107: Delitos culposos con resultado lesivo o letal.
- Art. 277: Encubrimiento – Alcances en caso de uso indebido del arma.
- Código Procesal Penal Argentino, artículos sobre:
- Actuación del Ministerio Público Fiscal ante hechos de uso de arma de fuego.
- Preservación de la escena, secuestro del arma y toma de testimonios.
- Medidas cautelares y pruebas ante eventos con uso de la fuerza letal.
- Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica) – Arts. 4 y 5 (Derecho a la vida y trato humano).
- Material de doctrina y experiencias operativas de fuerzas de seguridad nacionales (GNA, PFA, PSA) y extranjeras (FBI, GIGN, BOPE).
- Estándares internacionales de entrenamiento en tiro defensivo, incluyendo:
- FBI Defensive Handgun Training Program.
- TCCC – Tactical Combat Casualty Care (NAEMT).
- International Law Enforcement Educators and Trainers Association (ILEETA).
- Normas de seguridad para entrenamiento con fuego real, basadas en criterios de:
- International Defensive Pistol Association (IDPA).
- International Practical Shooting Confederation (IPSC).
- Estándares adaptados de entrenamiento policial en tiro de respuesta inmediata.
Bibliografía técnica complementaria:
Libros, manuales y publicaciones académicas sobre balística terminal, psicología del combate, ética del uso de la fuerza, derecho penal operativo, y medicina táctica en escenarios civiles.
(*) Adrián Ezequiel Ferreyra – ITA 6205
Instructor de Tiro – Tiro Federal Argentino de San Nicolás
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