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El proyecto, impulsado por investigadores de la UNL y el CONICET, busca obtener datos inéditos sobre la especie.
27 de noviembre de 2025. El río Paraná guarda aún secretos sobre uno de sus habitantes más imponentes: la raya gigante, un pez que puede superar los 220 kilos y alcanzar 176 centímetros de ancho, pero cuya biología sigue siendo un territorio casi inexplorado. Ese vacío de información impulsó a un equipo de investigadores de la UNL y el CONICET a poner en marcha un proyecto de marcado y seguimiento que combina ciencia, conservación y trabajo conjunto con la comunidad pesquera.
“Nuestro proyecto se centra en la raya gigante, que es el pez de agua dulce más grande del mundo. A pesar de eso, sabemos muy poco sobre su biología y, al tratarse de una especie vulnerable y pescada frecuentemente, necesitamos más información para lograr que el manejo y la conservación sean efectivos”, explicó el investigador Diego Martín Vázquez, responsable de la iniciativa, que cuenta con el apoyo de Save Our Seas Foundation y The Mohamed bin Zayed Species Conservation Fund.
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La metodología se basa en la colocación de etiquetas amarillas numeradas que permiten registrar desplazamientos y crecimiento. “Lo hacemos en conjunto con pescadores deportivos y guías de pesca, quienes tienen mucho conocimiento sobre los hábitos de estos animales y los lugares que frecuentan”, detalló Vázquez.
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El trabajo colaborativo hizo que decenas de pescadores a lo largo del Paraná fueran entrenados y equipados para realizar el marcado ellos mismos. “Cuando capturan una raya, colocan la etiqueta, toman medidas como el ancho de disco, registran el sexo y luego nos reportan los datos con fotos o videos y la ubicación geográfica de la liberación”, señaló.
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La participación de la comunidad también es clave en el seguimiento. “Es importante que cualquiera que se encuentre con una raya marcada nos contacte vía Instagram en @rayasderio_argentina”, insistió el investigador. El protocolo es sencillo: avisar el lugar, la fecha y el número de la etiqueta. “Lo más importante es que no le saquen la marca, porque eso nos permite trazar su recorrido y continuar el estudio”.
Vázquez remarcó que el proyecto tiene un fuerte componente social: “Cuando los pescadores ven el valor que tiene su conocimiento y participan directamente del proyecto científico, se convierten en aliados para la conservación de la raya gigante. Ellos son parte esencial del esfuerzo y ayudan a multiplicar el mensaje en sus comunidades”.

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