-
Visualizar no es soñar.
11 de febrero de 2026. La mayoría de los deportistas entrena el cuerpo todos los días, pero entrena la mente de manera descuidada, cuando no directamente en contra de sí mismo.
Sin advertirlo, nos entrenamos permanentemente para el fracaso.
Lo hacemos cada vez que repasamos errores pasados, cuando revivimos competencias que no salieron bien, cuando anticipamos problemas que todavía no existen o cuando repetimos internamente frases de duda. La mente no distingue si ese recuerdo o ese pensamiento es útil o dañino: simplemente lo incorpora como experiencia.
Así se construye un archivo interno de fracasos que luego reaparece, casi automáticamente, en los momentos importantes.
La paradoja es clara: dedicamos horas a entrenar para competir bien, pero permitimos que la mente se entrene sola… y muchas veces en la dirección equivocada.
Leé también: ¿Puede el método matar al dilema?, por Rosendo Velarte.
La visualización es el mecanismo más potente para revertir ese proceso. No se trata de imaginar resultados mágicos ni de negar la dificultad, sino de entrenar la mente del mismo modo que entrenamos el gesto técnico. Con repetición, con intención y con coherencia.
Visualizar es ensayar internamente aquello que queremos ejecutar externamente.
En el tiro, esta herramienta tiene una ventaja enorme: no competimos contra otros tiradores ni contra el blanco. Competimos contra nuestra propia capacidad de sostener un proceso. Si el rival no define el resultado, si el blanco no decide por nosotros, entonces no hay ninguna razón para no visualizar una competencia ideal.
Una prueba completa puede ser recorrida mentalmente, disparo por disparo. Desde la preparación inicial hasta el último impacto. El ingreso al polígono, la postura, la respiración, el ritmo, la recuperación después de un error, la calma sostenida. Todo puede ser entrenado antes de que ocurra.
Y esto no es una metáfora. La fisiología humana no distingue entre lo real y lo imaginado. El sistema nervioso responde de manera similar ante una final olímpica que ante una situación de riesgo extremo. La activación, la tensión, la respuesta corporal son las mismas. Por eso, cuando un tirador llega a una competencia importante sin haber entrenado su mente, el cuerpo reacciona como si estuviera en peligro.
Leé también: El estado combativo óptimo, otra nota de Rosendo Velarte.
La visualización permite algo fundamental: familiarizar al sistema con la calma. Si la mente ya “vio” muchas veces una ejecución tranquila y en control, cuando llega el momento real no hay sorpresa. El cuerpo reconoce el escenario. No lo vive como una amenaza, sino como una situación conocida.
Entrenar la mente no es eliminar el nerviosismo, sino enseñarle al cuerpo cuál es la respuesta correcta dentro de ese nerviosismo.
Cuando un tirador se visualiza disparando con control, recuperándose del error, sosteniendo el ritmo y llegando al final de la prueba con claridad, está creando un patrón interno. Ese patrón no garantiza el resultado, pero define el marco dentro del cual el resultado puede ocurrir.
- Seguimos fallando cuando entrenamos el error.
- Seguimos dudando cuando repetimos dudas.
- Seguimos perdiendo control cuando imaginamos pérdida de control.
Si vamos a entrenar algo todos los días, conviene elegir bien qué.
- No competimos contra otros.
- No competimos contra el blanco.
- Competimos contra la versión de nosotros mismos que dejamos entrenar en silencio.
Por eso, si la mente va a ensayar, que ensaye bien.
Si va a repetir, que repita control.
Si va a imaginar, que imagine una competencia posible, completa y propia.
Cuando llegue el momento real, no estaremos improvisando.
Estaremos simplemente haciendo lo que ya hicimos muchas veces, primero por dentro.
(*) Rosendo Velarte: Olímpico en Atlanta 1996 y Atenas 2004, Campeón Argentino, Sudamericano y Panamericano. Presidente Tiro Federal La Rioja. Vice Presidente Federación Argentina de Tiro
Impactos: 149











