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El error más común y el protocolo de acción. Un estudio registró todos sus ataques en dos décadas.
27 de abril de 2026. En 2023, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos publicó un estudio en el que recogió toda la información disponible sobre ataques de jabalíes a personas entre el 2000 y 2019.
Estas dos décadas coincidieron con la expansión en distintas regiones. En total, se han registrado 163 ataques mortales que provocaron 172 muertes en 29 países. Es decir, un promedio de 8,6 muertes humanas al año. Considerando la cantidad de ejemplares que hay, las probabilidades de sufrir el ataque de un jabalí son bajísimas.
Lo que el estudio encontró es que los jabalíes solitarios implicados eran normalmente grandes y en los ataques mostraban comportamientos defensivos. Lo más habitual es que ante un encuentro con seres humanos huyan, pero en caso de sentirse amenazados podrían reaccionar.
Cuando el jabalí se siente amenazado
En el avistamiento es importante no hacer movimientos bruscos, no acercarse ni agacharse. Si hay una hembra con crías es importante no interponerse porque la defensa maternal es la causa de ataque más frecuente. Al entrar en un bosque de baja visibilidad puede ayudar hacer algún ruido que identifique tu presencia para no sorprenderlos a menor distancia.
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Otra de las amenazas que suelen percibir los jabalíes son los perros, por eso, es recomendable llevarlo con correa. Una reacción instintiva posible del perro puede ser atacar al jabalí, que aunque no parezca, es muy rápido y fuerte. Los machos pesan entre 70 y 90 kilos y sus colmillos de abajo, curvados hacia arriba, están muy desarrollados.
Por eso, es importante evitar bajo cualquier circunstancia el ataque. En caso de que sea a una persona, lo recomendable es alejarse de manera prudente o detenerse detrás de una barrera sólida, como puede ser un árbol, una roca o un vehículo. Cuando erizan el pelo del dorso y hacen un ruido, indican que algo pueden llegar a realizar. Otra de las situaciones en las que se siente “amenazado”, es cuando entran a jardines o lugares periurbanos en los que no pueden regresar a su entorno natural. En esos casos, lo ideal es intentar regresarlos a su hábitat, pero manteniendo la distancia.
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