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La parálisis de los controles fronterizos y la agresividad de las bandas clandestinas ponen en jaque a la fauna íctica en las reservas correntinas. El gobierno provincial elevó un reclamo formal ante la Cancillería.
25 de agosto de 2026. La calma habitual del río Paraná se convirtió en un escenario de conflicto. En las últimas semanas, las localidades de Paso de la Patria, Yahapé, Itá Ibaté e Itatí se transformaron en la “zona caliente”.
La disputa excede lo meramente ecológico. Hoy es un problema de seguridad fronteriza. La Dirección de Recursos Naturales de Corrientes rompió el silencio de manera categórica. Afirman que la principal amenaza es la pesca clandestina proveniente del Paraguay.
El detonante en la Isla Toledo
El punto de quiebre ocurrió tras un operativo conjunto en la zona de la Isla Toledo. El área está declarada como reserva natural. Allí intervino la Prefectura Naval Argentina junto a inspectores provinciales. El procedimiento desarticuló una maniobra que expuso la logística del contrabando pesquero. Embarcaciones paraguayas cruzaron el límite internacional para capturar decenas de ejemplares de dorados y bogas. Las piezas estaban listas para su traslado y comercialización ilegal en la costa vecina.
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La respuesta de la provincia fue inmediata. Los infractores quedaron a disposición de la Dirección Nacional de Migraciones para su expulsión del país. También se procedió al decomiso de las lanchas, las redes y las piezas. Sin embargo, las autoridades advierten que esto es solo la punta del iceberg.
Falta de reciprocidad y “soplones” locales
“La parte más crítica es la pesca clandestina de paraguayos en territorio argentino“, sentenció Agustín Portela. El director de Recursos Naturales dio estas declaraciones a medios radiales de la región. El funcionario denunció la absoluta falta de colaboración de las autoridades paraguayas. Aseguró que el país vecino no custodia su margen del río. Esto deja toda la carga de la fiscalización del lado argentino.
El problema también incluye complicidad interna. Las investigaciones provinciales confirmaron la existencia de redes de apoyo local. Hay residentes correntinos que actúan como “campanas” o “soplones”. Estos individuos alertan a los pescadores paraguayos sobre los patrullajes de la Prefectura. Así les permiten huir a tiempo hacia aguas extranjeras. En esa jurisdicción, los inspectores locales ya no tienen poder de detención.
Inspectores bajo fuego
La preocupación no es solo ambiental, sino también humana. Desde el Ministerio de Turismo provincial señalaron que los niveles de hostilidad y agresividad de las bandas clandestinas aumentaron drásticamente. “Nuestros inspectores arriesgan la vida en cada salida“, explicaron fuentes oficiales, describiendo situaciones de extrema tensión donde los furtivos se resisten a los piedrazos o con maniobras de embestida en el agua.
Ante la gravedad de la situación, el Gobierno de Corrientes formalizó una presentación ante la Comisión Mixta Argentino-Paraguaya del Río Paraná (COMIP) y solicitó la intervención de la Cancillería argentina. El objetivo es exigir que el país vecino reactive los controles y asuma el compromiso de proteger un recurso compartido que hoy sangra casi de manera exclusiva del lado argentino. Mientras tanto, el Paraná sigue siendo tierra de nadie en las sombras de la noche.
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