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Una masa gigantesca de hielo provocó una avalancha masiva y una crecida de lodo que borró del mapa pueblos enteros. Hay más de 350 muertos y casi 1.400 desaparecidos mientras la comunidad científica advierte que el peligro sigue latente.
Última actualización: 27 de agosto de 2026
Lo que inicialmente fue reportado por los sismógrafos locales como un sismo de magnitud 4.4 en la región de Langtang resultó ser algo mucho más pavoroso. Un enorme desprendimiento de hielo y roca en la cordillera del Himalaya desencadenó una de las inundaciones más destructivas de las que se tenga registro en la frontera entre Nepal y China. El balance actual es desolador: las autoridades confirman más de 350 víctimas fatales y una cifra desesperante de casi 1.400 personas desaparecidas atrapadas bajo el lodo.
La catástrofe golpeó con fuerza el paso fronterizo de Gyirong, un nodo vital para el comercio y el turismo internacional. La Junta de Turismo de Nepal mantiene bajo alerta la desaparición de más de 500 excursionistas extranjeros. Entre las áreas incomunicadas se encuentran contingentes de decenas de nacionalidades, y las embajadas de varios países europeos ya trabajan activamente con el ejército nepalí en operativos de rastreo aéreo.
El origen del desastre: una secuencia perfecta de destrucción
Según los informes satelitales analizados por el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), la tragedia se desató a unos 5.200 metros de altitud. Una sección inferior de un glaciar del monte Langtang Lirung sufrió una fractura limpia y colapsó, cayendo de forma vertical más de un kilómetro hacia el fondo del cañón.
La energía liberada por el impacto actuó como un proyectil masivo sobre el terreno. Al chocar contra el fondo del valle, el hielo se pulverizó y se mezcló instantáneamente con toneladas de rocas, lodo y vegetación. Esta masa densa avanzó por el río Lhende Khola y formó un dique artificial que bloqueó el cauce por completo. Minutos después, incapaz de soportar la tremenda presión del caudal acumulado, el tapón cedió violentamente.
El resultado fue una pared de agua y escombros de 9 metros de altura que bajó como concreto líquido por el río Trishuli (Bhote Koshi). “A esa velocidad, el lodo avanza con tanta fuerza que correr no sirve de nada. Ni siquiera intentar escapar en auto“, explicó Hatim Sharif, hidrólogo de la Universidad de Texas. Las poblaciones ribereñas no tuvieron margen de evacuación; el caudal subió esos 9 metros en apenas 30 minutos, arrastrando puentes, carreteras y complejos residenciales.
¿Qué esperan los científicos para los próximos días?
La principal preocupación en este momento no es solo lo que ya pasó, sino el riesgo inminente de un segundo desastre. Los vulcanólogos y glaciólogos que monitorean la zona mediante imágenes de satélite de Planet Labs advierten que las laderas de la montaña quedaron extremadamente inestables.
Para los próximos días, los científicos anticipan tres escenarios críticos:
- Peligro por nuevos bloqueos de ríos: Los desprendimientos de tierra secundarios continúan activos en la frontera. Qianggong Zhang, especialista en riesgos climáticos del Instituto ICIMOD, advirtió que existen bloqueos parciales activos aguas arriba. Si el lodo vuelve a tapar el cauce y se libera de golpe, una segunda ola de inundaciones relámpago azotará las bases de rescate.
- Aceleración por picos de calor y nieve derretida: Los análisis térmicos previos al desastre mostraron una pérdida acelerada de la cubierta de nieve debido a temperaturas inusualmente altas. Los científicos estiman que el calor previsto para el fin de semana seguirá inyectando agua de deshielo a las grietas de los glaciares vecinos. Al filtrarse el agua, actúa como un lubricante en la base de las rocas heladas. Esto multiplica las chances de nuevas avalanchas masivas de roca y hielo.
- La amenaza invisible bajo los glaciares: Equipos internacionales liderados por expertos de la Universidad de Dundee están investigando si existen bolsas de agua atrapadas subglaciariamente que puedan reventar en las próximas horas. El Himalaya se está volviendo una región sumamente inestable debido al calentamiento global, que debilita el permafrost (el suelo congelado que actúa como cemento natural de las montañas).
El Gobierno de Nepal decretó el estado de desastre por tres meses en las regiones afectadas. Científicos y rescatistas coinciden en que las próximas 72 horas serán determinantes. Si el terreno no se estabiliza y el agua retenida no drena de manera controlada, el norte de Nepal se enfrentará a una crisis humanitaria y geográfica sin precedentes en este siglo.

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