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Antes los deportes náuticos intentaban deslizarse mejor sobre el agua. Ahora directamente intentan despegarse de ella.
28 de mayo de 2026. El wing foil (o wingfoil) es un deporte acuático de deslizamiento que combina elementos del windsurf, del kitesurf y del surf foil. Consiste en deslizarse sobre el agua utilizando una vela inflable autónoma (wing) que se sostiene directamente con las manos —sin líneas ni arneses— mientras se está parado sobre una tabla equipada con una quilla especial con alas llamada hidrofoil.
La magia de este deporte radica en que, al alcanzar cierta velocidad, el hidrofoil eleva la tabla por encima de la superficie, haciendo que el deportista “vuele” literalmente sobre el agua de forma silenciosa y suave.
Los 3 componentes del equipo
El Wing (Ala): Es un ala inflable muy liviana. No va sujeta a la tabla mediante un mástil (como en el windsurf) ni con líneas largas (como en el kitesurf); el deportista la maneja directamente agarrándola de botavaras o manijas rígidas de tela.
La Tabla (Board): Son tablas similares a las de stand-up paddle (SUP) o surf, pero modificadas. Para los principiantes se usan tablas grandes y estables con mucho volumen, mientras que los avanzados usan tablas muy cortas y livianas.
El Foil (Hidrofoil): Es un mástil de aluminio o carbono acoplado al fondo de la tabla que termina en un conjunto de alas (ala delantera y estabilizador). Funciona exactamente igual que las alas de un avión: genera sustentación con la velocidad del agua y eleva la tabla.
¿Por qué se volvió tan popular?
Fácil transporte: Todo el equipo (el ala desinflada, la tabla y el foil desarmado) entra cómodamente en el baúl de un auto chico.
Curva de aprendizaje rápida: Es mucho más seguro y rápido de aprender que el kitesurf, ya que no dependés de líneas de 25 metros que puedan generar accidentes.
Rango de viento amplio: Permite navegar y volar incluso con vientos muy suaves o arrachados que harían imposible hacer windsurf o kitesurf.
Menos exigencia física: Al elevarse sobre el foil, la fricción con el agua desaparece, por lo que el esfuerzo que realizan las piernas y la espalda disminuye notablemente.
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Dónde aprender el wingfoil en Argentina
Nuestro país cuenta con excelentes condiciones naturales para la práctica y el aprendizaje del wing foil gracias a la gran variedad de lagos, diques y ríos con vientos constantes. Al ser un deporte que requiere aguas preferentemente llanas (sin olas rompientes grandes) y viento parejo, los puntos de práctica e instrucción se concentran en las siguientes regiones:
1. Buenos Aires y Río de la Plata (Ideal para aprender)
La Zona Norte del Gran Buenos Aires es la cuna de las principales escuelas del país gracias a la baja profundidad de sus bancos de arena y la comodidad de la infraestructura. San Isidro, Martínez y Olivos, son los puntos más concurridos.
Las escuelas trabajan con clases embarcadas (un bote de apoyo te sigue en el agua), lo que facilita enormemente las primeras etapas. Entre ellas tenemos: Wind Flow Academy (Olivos), Spirit Kite Beach (San Isidro) y Second Wind (Acassuso). Ya un poco más lejos de la ciudad de Buenos Aires Chascomús y Lobos son dos lagunas ideales para principiantes debido a la ausencia absoluta de corriente marina y olas.
2. Cuyo (Viento mundial y nivel avanzado)
Es la zona con los vientos más potentes y regulares de Sudamérica, perfecta para progresar rápido. Allí podemos señalar dos sitios destacados:
Cuesta del Viento (San Juan): Ubicado en Rodeo, es un paraíso internacional para los deportes de viento. Cuenta con un viento térmico fortísimo que sopla casi todos los días desde el mediodía. Alberga clínicas de tecnificación y el Campus Argentino de Wingfoil.
Dique Potrerillos (Mendoza): Un espejo de agua cristalina rodeado por la Cordillera de los Andes. Es muy habitual ver riders locales y turistas navegando por las tardes cuando entra el viento térmico de montaña.
3. Córdoba (Diques y lagos interiores)
Los diques cordobeses ofrecen una combinación ideal de entornos serranos y excelentes paradores náuticos. Entre ellos:
Dique Los Molinos y Embalse Río Tercero: El Valle de Calamuchita concentra la mayor actividad. Ofrece vientos predominantemente del norte y escuelas consolidadas, como Kite Córdoba en Potrero de Garay, que brindan cursos con equipamiento completo.
Lago San Roque (Villa Carlos Paz): Es el punto de práctica más cercano y tradicional para los habitantes de Córdoba Capital.
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4. Patagonia (Navegación rústica y paisajes)
Para quienes buscan entornos imponentes y no le temen al agua fría (requiere trajes de neoprene gruesos, botas y guantes) tenemos:
Villa Meliquina y Lago Nahuel Huapi (Neuquén/Río Negro): El lago Meliquina cuenta con un parador costero donde se alquilan equipos y se dictan clases. Su geografía genera un embudo de viento fuerte y muy parejo.
Bahía San Antonio / Las Grutas (Río Negro): Un punto privilegiado de aguas azules en el Golfo San Matías. Al no poseer olas grandes dentro de la bahía, funciona de forma similar a una laguna segura y calma.
Los costos para aprender y equiparse
Las escuelas proveen todo el equipamiento completo (vela, tabla, foil, casco, chaleco e incluso traje de neoprene si es necesario). Los precios actuales de referencia varían según la zona pero podemos decir que entre $60.000 y $90.000 es el costo de una clase aislada y de alrededor de $.800.000 para un curso inicial completo que le permite al alumno salir a navegar solo de forma segura.
Un equipo completo, es decir el Ala (Wing), la Tabla (Board) y el Foil (Mástil + Alas) se encuentra en el mercado a partir de los u$s 1200 a u$s 1800 dependiendo del año y el estado. En cuanto a los nuevos, muchas escuelas y distribuidores oficiales ofrecen combos armados de fábrica que varían entre los u$s 2800 y u$s 3500.
Adicionalmente se requiere contar al menos con algunos accesorios imprescindibles. Por ejemplo, el traje de neoprene, clave para el invierno o aguas frías. Uno nuevo de buen espesor (4/3mm) ronda los $250.000 a $400.000 ARS. Y también las correas de seguridad indispensables para no perder el equipo en el agua. Su valor es desde $40.000 cada una.
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