-
¿Qué será lo que nos está pasando?
Por José María Lorenzo / Claudio Ferrer
19 de agosto de 2026. Esta reflexión nace como respuesta a la inquietud de un amigo, entusiasta de los eventos caninos —especialmente los funcionales—, quien se mostró sorprendido por la enorme convocatoria de los clubes de cazadores del interior del país.
Estas entidades logran reunir, en encuentros no competitivos, a más de medio centenar de perros de todas las razas, tanto habituales como atípicas dentro del Grupo 7. (En el ámbito de la cinofilia el Grupo 7 hace referencia directa a la clasificación oficial de la Federación Cinológica Internacional (FCI) reservada exclusivamente para los Perros de muestra).
En contraste, el número de ejemplares inscritos en los concursos oficiales promedia apenas los 20 si la muestra la organiza alguno de los pocos clubes especialistas de cada raza; y, vergonzosamente, cae a uno o dos si la convocatoria surge de alguna entidad superior.
Se podría pensar que, al ser este un grupo conformado por dos segmentos últimamente estigmatizados —por tratarse justamente de criadores y perros de caza—, la falta de participantes es culpa de las corrientes de la moda woke. Sin embargo, la gran cantidad de binomios que asisten a los encuentros informales o fuera de calendario desmiente de plano esta suposición.
Puedo asegurar que anualmente sigue naciendo la misma cantidad de cachorros (aunque no se registren oficialmente) y que el número de personas que cazan con ellos se mantiene estable. Esto ocurre a pesar de toda la parafernalia de publicaciones en contra de los criadores o de los seguidores de la diosa Diana, quienes se amparan en los preceptos protectores de San Huberto, patrono de la caza.
Entonces, ¿cuál es el porqué?
Lo que sigue es solo una opinión personal sobre esta situación compleja y, como siempre, puedo equivocarme. Razonemos un poco: si los perros están y los entusiastas de la actividad participan, los únicos que quedan bajo la lupa son los convocantes.
La política dirigencial se ha llevado puesto el bien común en pos de ese deseo egoísta de brillar. Pero no con luz propia, sino con la luz reflejada de los nuevos ingresantes. Personas que, con enorme energía y ganas de aprender, terminan siendo abducidas por la mentira de currículums engordados a pura transa.
Es notorio el recambio constante: gente que entra y, tras desengañarse, elige alejarse. Por eso, este espacio ha dejado de crecer y se contrae cada vez más. A ver, ¿quién se anima a publicar cuántos socios reales tiene hoy su club?.
Somos pocos los que llevamos varias décadas aportando participación y defendiendo vehementemente lo que hacemos. Y muchos menos son los que pueden demostrar un historial con afijo y nombre de perros que hayan logrado algún mérito real.
Parece que participar en los eventos oficiales solo alimenta el interés de unos pocos. Después de tanto trabajo para tener un perro competitivo y ganador, el guía se vuelve a casa, como mucho, con un trofeo minúsculo que solo él valorará, ya que su club o entidad madre no se encarga de difundirlo ni de darle prioridad. Además, nadie en su sano juicio suma kilómetros al odómetro mientras vacía su billetera para pasarla mal.
En cambio, los eventos off the record se nutren de entusiastas de los deportes caninos deseosos de encontrarse y compartir un buen momento. Allí pueden disfrutar de un día de campo y apreciar el trabajo de los demás, sin la carga onanista de tener que ser el mejor, y bajo la mirada de personas experimentadas, cuyas observaciones son muy útiles para corregir errores o mejorar la performance de cara a una futura competencia oficial.
En esos encuentros nadie pierde un trofeo: todos ganan lindos momentos.
Si no nos damos cuenta pronto, el egoísmo de una dirigencia permanentemente personalista va a terminar con esto. A esta altura, vale la pena recordar lo que expresé en otra publicación a través de un simple pero revelador juego de palabras: sin presididos, todo presidente se convierte en prescindente; y si no se va, se reconvierte en un mero residente.
Al final, parece que la política se robó a la gente, el aburrimiento se robó la pasión y la competencia se quedó con lo social.
Seamos parte de una cinofilia de amigos, apasionados por fomentar la amistad, y volvamos a la buena costumbre de la educación y el respeto. Ojalá podamos revertirlo pronto y que estas líneas sumen, aunque sea, un segundo de reflexión.
Impactos: 105











