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Las quejas por ruidos molestos tras un entrenamiento de Gendarmería encendieron las alarmas en los barrios linderos. El municipio evalúa la relocalización de una entidad histórica acorralada por el crecimiento de la ciudad.
31 de agosto de 2026. La convivencia entre las instituciones históricas y los nuevos desarrollos residenciales volvió a entrar en zona de conflicto en la provincia de Córdoba. En las últimas semanas, el Tiro Federal Villa María se convirtió en el epicentro de una intensa disputa vecinal y política. La misma escaló hasta las oficinas municipales tras una serie de denuncias por ruidos molestos e inseguridad acústica en los barrios Belgrano y Almirante Brown. El debate reabre una encrucijada nacional: ¿deben mudarse los polígonos centenarios cuando la urbanización los alcanza?.
El quiebre definitivo de la tolerancia vecinal ocurrió durante una jornada de práctica y entrenamiento a cargo de efectivos de Gendarmería Nacional dentro de las instalaciones del club. Durante el procedimiento se utilizaron fusiles FAL, un armamento de calibre militar cuya onda sonora posee un impacto acústico muy elevado. Las detonaciones encendieron las alarmas de los residentes. La situación obligó la intervención de las fuerzas policiales locales en el predio para constatar que las prácticas se realizaran bajo los perímetros de seguridad correspondientes.
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Desde la comisión directiva del Tiro Federal explicaron que la dirección del viento de esa jornada propagó el estruendo de forma inusual hacia la zona residencial. Sin embargo, para los vecinos agrupados, el episodio fue el límite de un problema estructural diario. Ante la gravedad de los reclamos, el Ejecutivo de Villa María convocó a una reunión de mediación con las autoridades de la entidad de tiro para formalizar una propuesta drástica: evaluar de forma conjunta la relocalización definitiva de las instalaciones hacia una zona rural o periférica.
El fenómeno de fondo: la presión inmobiliaria sobre los polígonos históricos
El conflicto en Villa María no es un hecho aislado. Responde a un patrón urbanístico y corporativo que se replica en diferentes localidades de la Argentina. Sus antecedentes recientes y complejos los encontramos en ciudades como Tandil y Buenos Aires. El nudo de la problemática radica en la presión inmobiliaria y en el cambio del valor del suelo.
- El dilema del orden de llegada: Los defensores y socios de estas instituciones esgrimen un argumento histórico de peso. Esto es: las sedes de los tiros federales fueron construidas a fines del siglo XIX o principios del XX en terrenos totalmente descampados y alejados de los cascos urbanos. Con el correr de las décadas, la falta de planificación territorial, el crecimiento demográfico y la especulación inmobiliaria hicieron que las constructoras avanzaran loteando los campos linderos. Así los polígonos quedaron rodeados de viviendas y escuelas.
- Tierras codiciadas: Las hectáreas que ocupan los polígonos originales, que antes carecían de valor comercial, hoy representan “joyas doradas” para los desarrolladores inmobiliarios. Se trata de terrenos amplios, consolidados dentro del ejido urbano y con conectividad de servicios lista. Esta realidad empuja a los municipios a negociar con las comisiones directivas esquemas de canje de tierras. El Estado local ofrece construir un polígono moderno y seguro en la periferia a cambio de liberar los valiosos lotes céntricos.
La polémica en Villa María divide opiniones de forma nítida. Mientras un sector de la comunidad exige que las actividades de tiro con armas de grueso calibre cesen inmediatamente por razones de tranquilidad y seguridad familiar, los defensores de la institución advierten que una mudanza forzada sin apoyo presupuestario estatal real podría significar la quiebra y la desaparición de un club centenario. El municipio enfrenta el desafío de arbitrar un acuerdo donde el desarrollo urbano no arrase con el patrimonio institucional.
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