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Más de 170 científicos de todo el mundo instan a reforzar el papel de la ciencia frente a la desinformación y los discursos polarizados en torno a la caza y la gestión de la fauna silvestre.
3 de septiembre de 2025. La ciencia se enfrenta actualmente a una pérdida de prestigio frente a la proliferación de “verdades” subjetivas. En un mundo saturado de información y escaso en pensamiento crítico, los hechos comprobables ceden terreno a creencias amplificadas por sesgos en redes sociales.
Un ejemplo claro de esta desconexión entre ciencia y percepción social es la caza recreativa, entendida como la persecución y abatimiento de animales por ocio, aunque también está ligada a la obtención de carne y trofeos, a razones culturales y/o al deseo de contribuir a la gestión de poblaciones de fauna.
Esta actividad se presenta por algunos como clave para la conservación y por otros como práctica dañina. La ciencia, en ambos extremos, se manipula o desacredita a conveniencia, reflejando el reto de reconciliarla con una sociedad fragmentada por la posverdad.
Ante esta desesperante e inadmisible situación, más de 170 científicos de los ámbitos de la gestión cinegética y de la fauna silvestre, encabezados por investigadores del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM), han publicado un artículo que alerta de cómo los sesgos y la falta de cultura científica en torno a la caza y la gestión de la fauna silvestre están llevando a la derrota del conocimiento científico frente a prejuicios, intereses y creencias.
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Del prestigio al menosprecio de la ciencia
En este análisis crítico, publicado en la European Journal of Wildlife Research, los científicos hablan de cómo el uso perverso de la digitalización social, la democratización de la información y el declive de la cultura científica fomentan actualmente la polarización y el desprecio por la autoridad científica.
La ciencia es el proceso racional para entender la realidad mediante un contraste de hipótesis con datos verificables por todos. Sin embargo, hoy en día, esta percepción ha cambiado drásticamente debido a la infoxicación a través de medios y redes sociales, así como a sesgos cognitivos, emocionales y motivacionales, a menudo utilizados interesadamente por los extremos, que refuerzan las creencias ideológicas frente a los hechos científicos.
En un entorno saturado de opiniones divergentes, el negacionismo, el ombliguismo social y las fake news apoyan una posverdad que ignora impunemente los datos verificables que aporta la ciencia.
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“La verdad” de la caza
Los autores del artículo afirman que los sesgos y la desinformación han convertido la caza y su gestión en un campo de batalla en el que tanto el extremo pro-caza como el anti-caza emplean posturas fundamentalistas, cargadas de emoción, intereses políticos o económicos, y estrategias de polarización.
En ambos casos se deslegitima la ciencia cuando sus resultados no encajan con sus creencias e intereses, incluso aunque procedan de estudios que son referentes del método científico y han superado un meticuloso proceso de revisión llevado a cabo por pares independientes.
Afirmar que la caza es la salvadora de los ecosistemas, su biodiversidad y la salud global, que es el único remedio para evitar conflictos entre el ser humano y la fauna silvestre, o que es esencial en la lucha contra la despoblación del medio rural, son algunos de los discursos autocomplacientes, y sin crítica, del extremo pro-caza.
En la otra cara de la moneda, decir que todo tipo de caza es una actividad injustificada, cruel con los sentimientos animales y perjudicial para el medio ambiente, que no puede ser nunca una actividad sostenible o que provoca la extinción masiva de especies, son algunos de los argumentos polarizados del extremo anti-caza.
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A estos y otros argumentos hay que sumar las malas formas que imperan en el debate, especialmente cuando éste tiene lugar en las redes sociales.
Abundan ataques personales en éstas, a menudo groseros, hacia centros de investigación y científicos que desarrollan y difunden ciencia relacionada con la caza y su gestión, aunque la función de las instituciones científicas no sea la de apoyar a ninguno de los bandos, sino la de aportar argumentos objetivos y contrastables por cualquiera para facilitar la toma de decisiones.
Independientemente del creciente rechazo de la caza como actividad recreativa por parte de una sociedad cada vez más urbana, la caza sigue siendo una actividad legal y regulada, basada en el aprovechamiento de un recurso natural renovable.
En este contexto, el estudio de la caza y su gestión desde el punto de vista sociológico y medioambiental, especialmente desde el enfoque holístico y transdisciplinario One Health, es crucial para procurar su sostenibilidad en todas las dimensiones del término (social, ambiental, económica y cultural).
La obtención de información fiable de los procesos relacionados con la caza y su análisis científico deben ser la base de las discusiones y puntos de encuentro entre los sectores con diferentes perspectivas del tema.
La ciencia reciente apunta a que el futuro de la caza como actividad recreativa pasa por su conversión en una actividad íntegramente sostenible y socialmente entendida y aceptada, sustentada en una gestión adaptativa certificada.
También apunta a que la caza debe ser aprovechada como una herramienta de gestión medioambiental con fines de conservación en muchos de los escenarios derivados de la realidad ecológica de Europa en el siglo XXI.
Una llamada a la cordura: No todo depende “de según cómo se mire”
En este artículo, los científicos firmantes remarcan que el conocimiento científico no entiende de ideologías ni se postula intencionadamente a favor o en contra de ningún colectivo.
Por lo tanto, “la verdad” de la caza no debería depender “de según cómo se miren las cosas”, sino del acercamiento que a ella nos permite la ciencia.
La misma ciencia que nos hace la vida mejor, nos aporta mejoras tecnológicas y nos alarga la vida, es la que se aplica al estudio de la fauna silvestre y su gestión, también de la fauna cinegética.
Los investigadores señalan que puede que no exista una verdad universal sobre la caza recreativa, pero que no todas las “verdades” son intercambiables y no todas merecen la misma consideración, como tampoco es “la verdad” un activo exclusivo de ningún extremo.
Los avances científicos apuntan a que la caza debe cambiar y adaptarse para alinearse con los principios éticos y el equilibrio ecológico. Así, el extremo pro-caza debe aceptar constructivamente los estudios que muestran cómo garantizar la sostenibilidad de la actividad y la aceptabilidad social del sector cinegético. Por otro lado, el extremo anti-caza debe aceptar los resultados de investigaciones que indican que la caza, bien hecha y gestionada, aporta beneficios socioeconómicos y ambientales, puede ser practicada de forma sostenible y servir como herramienta de gestión y conservación.
Aunque los resultados científicos son debatibles, ofrecen una base transparente para el diálogo. La mayoría sensata y constructiva de la sociedad reconoce el valor de la ciencia para encontrar soluciones. En cambio, el anticientificismo extremo dificulta un diálogo equilibrado, justo y educado.
Consolidar el papel de la ciencia como guía confiable para la sociedad requiere fortalecer la divulgación científica y combatir la desinformación, también en torno a temas polémicos como la caza y los conflictos relacionados con la fauna silvestre.
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Los científicos apuntan que, en este contexto, la educación y formación de los cazadores y los profesionales de la caza (gestores), así como de la sociedad en general, sobre los últimos avances en ecología, fauna silvestre y biología de la conservación, es esencial para disipar conceptos erróneos, superar dogmas obsoletos y distinguir la ciencia creíble de la desinformación.
Tanto los medios de comunicación sectoriales como los generalistas tienen mucho que aportar mediante una comunicación rigurosa, responsable y bien informada que promueva el pensamiento crítico.
Los científicos, por su parte, deben mejorar sus esfuerzos de transferencia de conocimientos de la ciencia a la práctica de manera más eficiente y eficaz, llegando a los responsables políticos y a las partes interesadas pertinentes (incluidos los profesionales y los cazadores) para aumentar la probabilidad de que la toma de decisiones se base en la ciencia.
La ciencia nunca puede ser percibida como una injerencia indeseable. En este artículo, los científicos hacen un llamamiento para que cazadores, gestores, responsables políticos y la sociedad en general eviten los sesgos de las minorías extremistas y huyan de los intereses que pretenden polarizar la caza y la gestión de la fauna silvestre a conveniencia.
Señalan que es crucial basarse en datos contrastables, no en las opiniones sin sustento, especialmente antes de verter agravios contra la ciencia y los científicos en medios de comunicación o en las redes sociales. Solo así aprenderemos, entre todos, a distinguir la ciencia de las patrañas y a los científicos de los charlatanes que aseguran estar en posesión de “la verdad” de la caza.
Puedes consultar la publicación original de este análisis crítico en:
- Rodríguez-Estival, J., Acevedo, P., Ferreras, P., Gortázar, C., Mateo, R., Vicente, J., Arroyo, B & 171 investigadores en Gestión Cinegética y de la Fauna Silvestre. 2025. The challenge of science in the face of polarization around recreational hunting and wildlife management. European Journal of Wildlife Research (2025), 71:96.
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