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Una flota cada vez mayor de barcos eléctricos transporta a los indígenas por el corazón de la Amazonía ecuatoriana, ofreciendo una alternativa más barata y ecológica a las embarcaciones diesel.
Por José María León Cabrera – The New York Times
19 de julio de 2025. En una sofocante mañana de domingo, 20 hombres indígenas de la Amazonía ecuatoriana subieron a una canoa en su comunidad, cerca de la frontera con Perú. Su destino era un pueblo vecino a 45 minutos por vía ribereña.
Eran atletas que se dirigían a una competencia deportiva entre aldeas, una tradición muy apreciada que fortalece los lazos comunitarios.
Pero era una tradición que no se había celebrado en años y, para muchos participantes, era una especie de reencuentro.
“Desde niño no había ido a Kusutkao”, dijo Luciano Peas, de 28 años, integrante del grupo indígena achuar, refiriéndose a la aldea a la que se dirigían.
El viaje entre las aldeas aisladas era posible gracias a su embarcación, una canoa tradicional con una característica distintiva en la parte superior: 24 paneles que aprovechan la luz solar para alimentar un motor.
La canoa es parte de una flota cada vez mayor de embarcaciones eléctricas que ofrecen una alternativa más barata y ecológica a los botes a diésel que suelen recorrer las vías navegables de la región indígena.

Todo empezó en 2017
La primera embarcación impulsada por energía solar se puso a navegar en 2017 y, en la actualidad, estos botes desempeñan un papel fundamental en este remoto rincón de la Amazonía, convirtiéndose en un motivo de orgullo para los achuar, que ayudaron a desarrollar y ampliar la red de canoas impulsadas por energía solar.
Las embarcaciones, con capacidad para 20 pasajeros, han transportado a niños a la escuela, a enfermos a las clínicas e incluso a personas en duelo a un funeral.
“Mi esposa había estado con aborto incompleto y tenía una hemorragia”, dijo Ninki Roland Antik, que vive en Kusutkao, pero una embarcación impulsada con energía solar pudo llevarla rápidamente a un centro de salud local. “Gracias a eso, mi esposa está con vida”, añadió.
Las aldeas aisladas forman parte del paisaje de la provincia de Pastaza, una extensa franja de selva del tamaño aproximado de Bélgica, donde viven unos 7000 achuar repartidos en decenas de comunidades dispersas entre la densa vegetación.

A diferencia de otras partes de Ecuador, donde las carreteras conectan pueblos y ciudades, solo un tercio de la provincia cuenta con carreteras. Al resto solo se puede llegar en barco o en costosos vuelos chárter.
Por lo tanto, los ríos no son simplemente parte del paisaje. Son un enlace esencial entre las aldeas. Durante generaciones, los achuar navegaron estas aguas en canoas tradicionales, cuyos movimientos estaban dictados por las corrientes cambiantes de los ríos.
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