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Bienvenidas sean las mujeres a la sabana africana. Sin duda aportan un toque mágico a una experiencia de por sí… mágica
Por Santiago Legarre*, para Aire Libre
17 de septiembre de 2026. Este año 2026 he cumplido quince años de viajes a Kenia. Lo que comenzó como una expedición académica, rápidamente se convirtió también en una aventura de safari. Cada año visito algún parque nacional o reserva privada, y así despunto un vicio muy sano: el avistamiento de animales salvajes en su salsa, “al natural”.
Según mi observación, pocas cosas han cambiado en la aventura del safari a lo largo de estos quince años; y esto uno lo agradece, en un mundo en el que todo se transforma vertiginosamente. Pero hay algo que sí ha mutado, y ha mutado para bien: se observa, en África, una mayor presencia de la mujer en el sector de la hospitalidad. Lo ilustraré en este artículo mediante mi experiencia con Ashnil Hotels, una de las cadenas hoteleras que me ha hospedado en numerosas oportunidades, como escritor residente, en la sabana keniana.
Ashnil lanzó recientemente una nueva línea de servicios a la que bautizó “‘Surana”. Se trata de una pequeña colección de “lodges” de alta gama, que se suma a su ya tradicional oferta hotelera de calidad. El lanzamiento se dio en 2023 con Surana Buffalo Springs, en la Reserva Nacional de Samburu. A esa primera joya de la “Surana Luxury Collection”, se sumó en 2026 Surana Mara Camp, en la Reserva Nacional de Masái Mara.
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Al frente de Surana Mara Camp se encuentra Grace Asiyo, cuya notable calidez se derrama en todo el personal, de arriba hacia abajo, con un efecto beneficial femenino. En primer lugar, en la cascada de mujeres que siguen a Grace, hallamos a Ashley Roberts, directora del flamante Departamento de Wellness de Surana, que cubre tanto a Surana Mara como también a la filial de Buffalo Springs.

En mi última visita, Ashley me explicó dulcemente su aproximación al bienestar, llamada “PEEMS”, por las letras con las que comienza cada uno de sus cinco componentes: “Physical, Emotional, Energetic, Mental and Spiritual”. La formación que recibió Ahsley en su Sudáfrica natal —desde donde se trasladó para acometer esta nueva tarea con Surana— le sirvió para convertir el Departamento a su cargo en un servicio que vaya más allá del yoga y el masaje (aun cuando los incluya). Además, esta idea —resumible en el concepto de “Wellness in the Wild”— se aplica no solo a los clientes sino también a todo el personal. Quizás sea esta la más grande, y más ambiciosa, innovación del programa.
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Otra gran novedad de Surana Mara Camp, en línea afín con lo anterior, es la incorporación de una guía mujer: Lucy Mantaine. En mis quince años de deambular por la sabana keniana, es la primera vez que me encuentro con una guía femenina. Confieso mi sorpresa y también mi agrado por esta inusual circunstancia. Según me contó en una conversación preparatoria de esta nota, Fanta de por medio (la bebida favorita de Lucy), ella más que con sorpresa se enfrenta muchas veces con desconfianza.

Por un lado, los potenciales clientes dudan de su habilidad para tareas manuales, como cambiar una rueda pinchada. Por otro, sus colegas varones le tienen algo así como celos, escondidos detrás de palabras apenas susurradas como: “¿Qué hace esta chica en un rol reservado para nosotros?”.
Lo cierto es que Miss Mantaine se ganó de a poco a todos los guías masculinos con su afecto encantador y servicial. Y los clientes se han dado cuenta de que, en la práctica, ella es igual o mejor que los demás.
Por si lo anterior fuera poco, Surana Mara Camp no cuenta con un chef sino con… una chef. Según me explicó una vez un profesional gastronómico, la mayoría de los chefs son varones, principalmente porque se trata de un trabajo con un componente de gran desgaste físico. (Repito lo que me dijo esa persona, aunque, no está de más decir, no tengo idea de qué ocurre exactamente dentro de una gran cocina.)

La decisión de Ashnil de poner al frente de la cuisine de Surana Mara Camp a Cheryl Booysen (otra sudafricana) marca, una vez más, un rumbo sanamente feminista. Resumiré mi experiencia de un par de días bajo el cuidado culinario de Chef Cheryl así: nunca comí tan bien en la sabana africana como durante mi estancia en Masái Mara.
Bienvenidas sean las mujeres a la sabana africana. Sin duda aportan un toque mágico a una experiencia de por sí… mágica.
(*) Santiago Legarre: Autor del libro Un profesor suelto en África

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