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¿Qué está bien y qué está mal para evitar el abandono de los campos?.
11 de agosto de 2025. En la implementación de estrategias para controlar el poder de daño de los predadores (que diezman las majadas de ovejas y piños de chivos en la Patagonia), se produce un encontronazo entre el abismo económico al que se asoman los productores, y los cuestionamientos morales que surgen de amplios sectores de la opinión pública sobre los métodos que se usan para controlar lo que en el campo denominan “la plaga”.
Ese cruce queda en evidencia con las frecuentes condenas públicas que se esgrimen contra lo que, en términos científicos, se define como “control letal”. En este contexto, surge una nueva herramienta ecológica para mantener a raya a los predadores, la introducción de los perros protectores, que se “improntan” desde muy cachorros y viven como un miembro más en los rodeos de animales.
Pero, dependiendo de la extensión de los campos donde se lo pone a trabajar, estos pastores no siempre son suficientes, y en una extensa charla con Más Producción, el investigador y licenciado en Ciencias Biológicas del INTA Bariloche, Pablo Gáspero, lanzó definiciones muy precisas sobre la mirada que tienen importantes sectores de la sociedad sobre este tema tan sensible.

“Una de las definiciones es que salir a matar pumas como método de contención de los predadores no es efectivo y hasta puede ser contraproducente. Otra, es que este felino no está en absoluto en riesgo de extinción.”, señaló Gáspero.
Gáspero es concluyente sobre que “el control letal (mediante armas de fuego) por sí solo tiene un desempeño muy malo a la hora de reducir las pérdidas globales por depredación”, por eso se plantea la necesidad de emplear estrategias complementarias, para evitar que cuando se libere de manera momentánea un territorio, se amortigüe el ingreso de nuevos ejemplares con otras herramientas, “y es ahí donde entran los perros protectores”.
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La dimensión de los campos
“Para los pequeños productores, los perros protectores han sido, como el día y la noche. Han generado cambios enormes y la gente de repente dejó de preocuparse del tema de la depredación”, a tal punto que “dejaron de tener que cazar porque de repente nunca más un zorro, un puma, le mató animales” dijo Gáspero.
Y en referencia a los establecimientos más extensos señaló: “es mucho más complejo el trabajo del perro y tiene que ser complementado -para poder mitigar de forma significativa la depredación-, con un control letal hecho a conciencia”.

Gáspero admite que la opinión pública tiende, en una primera mirada, a equiparar sistemas productivos con sistemas naturales o de áreas protegidas. “Lo cierto es que son objetivos muy distintos, una cosa es el objetivo de conservación y otra cosa es el objetivo productivo. Entonces a lo que se apunta, es hacer a lo que se denomina, técnicamente, remoción selectiva”, detalló.
El objetivo, en estos casos, puede ser el puma “cebado”, esto es el animal que ya inició su matanza en la majada y su apetencia por carne fresca es irrefrenable.
“No, y es algo que hay que decir siempre claramente. De hecho, es uno de los pocos grandes depredadores en el mundo que se ha recuperado sus poblaciones sin una intervención activa de las personas”. Incluso está en una lista “como categoría de menor riesgo”. Por eso el investigador recalca que “no está en riesgo de extinción de ningún modo”.

Somos mucho más que dos
Gáspero también puso la lupa sobre el otro depredador “natural” del ganado patagónico, como es el zorro. Una primera característica es que es “un predador por goteo”. A diferencia del puma, que puede acabar con 30 cabezas de ganado en una sola noche, el zorro va de a dos o tres ejemplares, pero de modo sostenido.
“El zorro es mucho más plástico”, por su facilidad de adaptación, frente al puma que “es el depredador tope del sistema, con ciclos de vida mucho más prolongados y necesidades de territorio mucho más grandes”. Un puma necesita como territorio propio unas 30.000 hectáreas, según estudios realizados en reservas naturales de Chile.
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En cambio, el zorro es un “mezzo” o mediano depredador “que se adapta muy fácilmente a la presencia de la gente y tiene requerimientos muy distintos. Además, el macho y la hembra “tienden a ser monógamos”, aunque luego “cada uno anda por su lado, por su tendencia a ser solitarios”. Lo que sí comparten, es el territorio y ambos cazan en una misma área”. Este es una diferencia clave con el puma, que es considerado “poligínico”, porque un macho ocupa el territorio de dos o tres hembras.
Y como el zorro sabe más por viejo que por zorro, a lo largo de su evolución supo sacar provecho de su rol de actor de reparto: “hay un proceso estudiado en ecología que se llama la liberación del mezzo depredador”, explicó el científico entrevistado, y esa “liberación” se produce porque el humano se enfoca en perseguir al depredador mayor, como es el puma, “y lo que terminás haciendo es, indirectamente, beneficiando al mezzo depredador, que es el que después te va a terminar monopolizando el paisaje”.

Selección natural de las especies
Un puma tiene un amplio menú disponible en el campo, como liebres, ñandúes o guanacos. Pero siempre opta por la oveja primero. No necesita correr como loco, como cuando persigue “avestruces”, ni saltar hasta el cuello, como cuando atrapa guanacos.
“Hay muy poquitos estudios hechos en ese escenario, y lo que hay publicado dice, justamente, que el puma tiende a consumir y a matar con mayor frecuencia la presa de más fácil acceso, que es la oveja”.
De todos modos, “mucha gente intenta forzar la interpretación contraria, de que no, de que tienden a tener una preferencia por la presa silvestre, pero lo cierto es que no hay información sustancial que apoye esa interpretación. Lo poco que hay, en un mismo lugar, teniendo ovejas y gran cantidad de guanacos, es que los pumas terminan optando por la oveja”.
Paisanos fundidos
Si un hombre de campo tiene 500 ovejas, y el depredador le mata 70 o 100, le lleva su margen de ganancia, su establecimiento pierde rentabilidad, y debe cerrar la tranquera. Hay decenas de casos que confirman esa situación.
Luego de miles de kilómetros recorridos por la estepa Patagónica, Gáspero reconoce que “hay establecimientos que han estado a punto de cerrar por cuestiones de depredación muy intensa por puma, que puede llegar a alcanzar hasta el 30% de pérdida”, y no solo de corderos, porque este animal “mata todas las categorías de ovino que vos tengas en el campo”.
Y la eficacia de los perros protectores ante estas pérdidas, ha sido medida: “Lo que encontré, al comparar los campos en los que usaban perros de los que no los tenían, es un diferencial de señalada de más o menos entre el 10 y el 15%”.
Con todos los esfuerzos en marcha, tanto a nivel investigación o mejor manejo de los perros, desde el INTA “lo que se intenta es que el daño por depredadores esté por debajo del 10%. Eso es lo que por ahí estamos tratando de apuntar”.
Con textos de Fabricio González para Más Producción
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